¿Por qué hay amianto en el metro de Madrid?
Durante décadas, el amianto fue un material habitual en edificios, fábricas y medios de transporte. Muchos lo conocen como uralita. Era barato, resistente al calor y al fuego y ofrecía buenas propiedades aislantes. Por eso terminó formando parte también del Metro de Madrid, una red que comenzó a construirse mucho antes de que España prohibiera definitivamente su utilización en 2002.
El problema salió con especial fuerza a la luz pública en la pasada década, cuando comenzaron a reconocerse enfermedades profesionales de trabajadores de Metro que habían estado expuestos al amianto durante años. Desde 2018, la empresa desarrolla un Plan de Desamiantado para localizar y eliminar estos materiales de trenes, instalaciones e infraestructuras.
¿Dónde está el amianto del Metro de Madrid?
No se encuentra únicamente en las estaciones. Metro ha identificado materiales con amianto en material móvil, instalaciones técnicas e infraestructuras.
En los trenes y otros vehículos se ha localizado, por ejemplo, en determinados componentes, aislamientos, válvulas o arandelas. También se ha encontrado en centros de transformación, subestaciones, sistemas de climatización, pozos de bombeo, instalaciones eléctricas y otras dependencias técnicas. En las estaciones, uno de los puntos más visibles han sido las placas de fibrocemento situadas en bóvedas y falsos techos de algunos andenes.
Un caso especialmente llamativo ocurrió en 2023 en Herrera Oria. El desprendimiento de parte de un falso techo dejó al descubierto placas de fibrocemento con amianto y obligó a interrumpir temporalmente el servicio mientras se aplicaba el protocolo correspondiente. Por entonces, la información publicada por Metro indicaba que todavía había al menos una veintena de estaciones con este material en sus estructuras.
¿Es peligroso para los viajeros?
La clave está en diferenciar lo que es tener amianto instalado y estar expuesto a sus fibras. El principal riesgo aparece cuando un material que contiene amianto se deteriora, rompe, corta, perfora o manipula de forma que libera fibras microscópicas al aire. Estas pueden inhalarse y, tras periodos de latencia que pueden durar décadas, provocar enfermedades graves como asbestosis, cáncer de pulmón o mesotelioma —potencialmente mortales.
Por eso, la presencia de amianto en sí misma no significa que cualquier viajero que utilice el Metro esté respirando fibras peligrosas. Metro ha señalado que realiza inspecciones y mediciones ambientales para controlar las instalaciones y los vehículos afectados mientras permanecen en servicio.
El mayor impacto documentado se ha producido entre trabajadores que estuvieron expuestos profesionalmente, especialmente en labores de mantenimiento y manipulación de componentes.
Los casos reales de trabajadores afectados
Las consecuencias no son teóricas. Uno de los primeros casos que alcanzó gran repercusión fue el de Antonio Morón, oficial de mantenimiento jubilado de Metro de Madrid, que falleció en mayo de 2018 tras sufrir asbestosis. El Instituto Nacional de Seguridad Social ya había reconocido previamente su enfermedad como profesional.
Cinco meses después falleció Julián Martín, también trabajador de mantenimiento y afectado por asbestosis. A estos casos se sumaron posteriormente otros empleados y antiguos trabajadores. RTVE informó en enero de 2020 de que la Seguridad Social había reconocido ya una cuarta muerte relacionada con la exposición profesional al amianto en Metro.
También se han producido casos de otras patologías. En enero de 2020 falleció un maquinista jubilado que, según CCOO, tenía reconocido un mesotelioma pleural derivado de su exposición al amianto durante su vida laboral.
La propia Metro de Madrid alcanzó en 2022 un acuerdo con los sindicatos para indemnizar a trabajadores afectados y familiares de fallecidos. El importe acordado superó los 7,3 millones de euros.
Estos casos ayudan a entender dónde estaba el verdadero peligro: trabajadores que durante años desempeñaron tareas en entornos o con piezas que contenían amianto, especialmente en mantenimiento, cuando todavía no existía el nivel de identificación, control y protección aplicado actualmente.
¿Cuándo se retirará todo el amianto?
El Plan de Desamiantado de Metro comenzó en 2018 y tiene actualmente 2028 como horizonte para eliminar el amianto de la red. El programa contempla la caracterización previa de los materiales, su señalización y posterior retirada, coordinando las actuaciones con renovaciones de trenes y obras en estaciones para reducir en lo posible las afecciones al servicio.
El último grado de ejecución publicado correspondiente al seguimiento del plan situaba su avance global por encima del 77%, aunque el progreso es diferente según se trate de material móvil, instalaciones fijas o infraestructuras. La planificación, además, se actualiza periódicamente a medida que se caracterizan nuevos elementos y se acometen las obras.
Retirar amianto no es una obra convencional
El desamiantado requiere procedimientos específicos porque precisamente durante la manipulación y retirada del material existe riesgo de liberar fibras.
El Real Decreto 396/2006 establece que las empresas que realicen actividades incluidas en su ámbito de aplicación deben estar inscritas en el Registro de Empresas con Riesgo por Amianto (RERA) y trabajar conforme a los procedimientos y planes exigidos por la normativa.
Por eso, tanto en una gran infraestructura como el Metro como en una comunidad de propietarios, nave industrial o vivienda, la retirada debe dejarse en manos de profesionales especializados y debidamente habilitados. Para quien necesite una Retirada de Amianto en Madrid, Lomills facilita la búsqueda de empresas especializadas y autorizadas, ayudando a encontrar profesionales capaces de ejecutar estos trabajos con las garantías y requisitos de seguridad que exige la normativa.











