Marx, el satanismo y la polémica pregunta sobre su identidad judía
Marcelo Duclos.- Como sucedió en varias oportunidades, el presidente argentino Javier Milei ahondó en temas conceptuales en una de sus presentaciones, trayendo a la coyuntura debates profundos que suelen estar en nichos más académicos que populares. En esta oportunidad, la discusión se dio alrededor de la figura de Karl Marx.
En su charla en la escuela judía ORT, el mandatario argentino criticó al marxismo, corriente que eventualmente termina generando el “exterminio físico de individuos”. Milei también advirtió que el “programa de Dios genera abundancia y armonía” y relacionó al autor del Manifiesto Comunista y el Capital con el “satanismo”.
Ante una opinión pública polarizada, sus palabras encontraron defensores y detractores; estos últimos debatieron su afirmación y aseguraron que la vinculación de Marx con el satanismo es falsa, que la conexión de lo religioso con el proceso capitalista es arbitraria y no pocos advirtieron que el mismo autor “era judío”. Todo este tema tiene varias reflexiones posibles y algunas están abiertas al debate. Ahora, si se asocia la opresión con la maldad y la libertad con la virtud, lo que no admite discusión alguna es la reivindicación por parte de un personaje de un modelo que terminó generando masacres de millones de personas a lo largo y ancho del planeta en todo el siglo XX y en una pesadilla política, cultural e intelectual que no termina de acabar.
Con respecto de la influencia satanista, existen escritos que hacen referencia a la etapa de juventud de Marx, cuando se dedicó a escribir varios poemas. Quienes defienden la posición de Milei apelan a la literalidad de los mismos, pero también a ciertas construcciones metafóricas relacionadas con los textos bíblicos.
“Mira esta espada, el Príncipe de las Tinieblas me la vendió. Por mí marca el tiempo y me da señales”, reza alguno de los tantos párrafos de aquellas obras, aunque varios de los opositores al presidente argentino indicaron que todo esto se trata de los discursos de los personajes de los poemas y que, Milei, en una interpretación equivocada, se los adjudica al escritor.
Al hacer referencia a textos tan lejanos, de un autor fallecido, que ni siquiera se dedicó a ahondar en estos tópicos en su época más prolífica, inevitablemente se requiere caer en la interpretación. Sin embargo, sí es posible comprender algo de lo que aquel joven que tanta desgracia terminó generando en el mundo atravesaba antes de sus dos décadas de vida.
Marx nació y se crió en el seno de una familia protestante luterana. Sus padres provenían de familias judías, pero ambos progenitores se convirtieron. Por lo tanto, insistir con “la cuestión judía” —parafraseando el nombre de un texto de Marx al que nos referiremos luego por propósitos más relevantes— requiere una concepción digna de las leyes de Núremberg del nazismo.
La “periodista” Miriam Lewin le espetó al mandatario que “Marx no era satanista”, sino que “era judío” y aseguró que las palabras de Milei tuvieron un “tufillo nazi”, pero es ella quien recoge como judío a alguien que nunca tuvo la más mínima intención de serlo y que encontró en la tradición judía más disvalores que otra cosa. ¿Quién podría ser absolutamente determinante sobre el “judaísmo” de Marx? Un judío ortodoxo que considere que depende del vientre materno —algo que se impone a la conversión de la madre— o un nacional socialista con sus leyes retorcidas que enviaron a tantas víctimas al exterminio. Lewin judía no es practicante, pero sus ideas (marxistas) llevaron a la muerte a más personas que los mismos nazis.Consigue Comida Kosher
El Marx previo al de los poemas de condimentos satánicos, en el ámbito de esa familia luterana, era cristiano. A sus 17 años (1835), en un texto titulado “La unión de los creyentes con Cristo”, escribió:
«Por medio del amor de Cristo volvemos nuestros corazones al mismo tiempo hacia nuestros hermanos, quienes están interiormente ligados a nosotros y por quienes Él se dio a Sí mismo en sacrificio».
Los poemas oscuros que escribió dos años después revelan algo más que la voz de sus personajes ficticios. Aunque no se lo pueda categorizar como “satanista”, lo cierto es que se revela un quiebre importante con lo que el joven Marx encontraba virtuoso poco tiempo atrás. Luego llegaron los autores anarquistas y la escuela alemana que terminaron por darle forma a un pensamiento, que tampoco se sabe cómo llegó realmente a su cabeza.Mejora Tu Oratoria
Recordemos que el autor murió 16 años después de la publicación del primer tomo de El Capital (1867) y que los últimos dos textos los editó su amigo Engels. Durante esos años, Marx dejó de lado sus pretensiones económicas para ponerse a escribir de asuntos como la Guerra Civil en Francia. ¿Habrá leído las críticas de los primeros austríacos que literalmente destruyeron su tesis central, por lo que se llamó a silencio en ese asunto? Otro de los misterios que el fundador del marxismo se llevó a la tumba… por la que hay que pagar para visitar.
Donde las dudas van dejando lugar a las certezas es en lo que el mismo Marx escribió como su doctrina y en las implicancias que generó su legado. Tildar a Marx de “judío” es una contradicción que va mucho más lejos que su falta de vinculación con el judaísmo. El Marx “ya marxista” —valga la redundancia— escribe en 1843 su famosa “cuestión” donde, ya desde el título de su panfleto, da a entender que hay un “problema” con los judíos.
Justamente, en la página 14 de su primera parte (edición Prometeo de la colección Ciencias Sociales), Marx altera los términos “cuestión judía” con “problema judío” para hacer referencia al conflicto que él veía sobre la vinculación de los judíos con los Estados en países como Francia, Alemania o Estados Unidos. Aunque lo importante a examinar de fondo (que fue pensado en un idioma alemán duro y puede recordar a la pluma del mismo Hitler y los suyos) no haga referencia a un “antisemitismo” enfocándose en temas “raciales” inherentes al ser humano como lo entendían los nazis, hay en Marx una noción que bien podría ser calificada como de “antijudía”.Consulta Mapas Interactivos
En concreto, nos referimos a la crítica del orden social y cultural relacionada con el pueblo judío que Marx señalaba y se hizo carne años después en una Unión Soviética que también refutó al autor, que dijo que solamente su revolución podría tener lugar en un país capitalista, donde los obreros hayan sentido la ignominia de la opresión.
Marx, que fuera del ámbito del dogmatismo religioso solo puede ser denominado “judío” en la discusión de las ciencias sociales por una manipuladora como Lewin, interpretaba que en la cosmovisión sociocultural de los judíos existían elementos que resultarían hostiles a su colectivo virtuoso revolucionario. Aunque no hubo la persecución de orden racial en los regímenes comunistas, los judíos sufrieron especial hostilidad por parte de los seguidores del supuesto “judío”. Es que, efectivamente, el totalitarismo estatal encontraba en los núcleos sociales judíos anticuerpos para la lealtad absoluta que los Stalin de la historia requerían del “pueblo” monocorde.
Si algún lector quiere tener alguna impresión sobre esta materia sin profundizar en lecturas pesadas de época, puede apelar a la película francesa “El concierto” de 2009.
Justamente, lo que Marx atacaba en los judíos es un elemento de orgullo para ese pueblo, aunque no es exclusivo. En la actualidad, similares persecuciones sufren los católicos por el régimen chino por las mismas causas: los anticuerpos que la cultura alrededor de la religión genera ante las ambiciones de la sumisión total.
Si Marx fue o no satanista puede ser motivo de discusión, pero que su modelo fue “satánico” —en términos del mal— es un hecho inapelable.
Finalmente, y ya repasando aspectos más “teológicos” si se quiere, quienes se ofendieron por la relación que hizo Milei del sistema “capitalista” con la mano ordenadora de Dios comprenden al fenómeno del “capitalismo” como lo vio el autor que le puso nombre.
Para asimilar esto es necesario salir de la visión de Marx para analizarlo desde la perspectiva de Friedrich Hayek y el orden espontáneo de la Escuela Austríaca, algo que ya veían los escoceses del siglo XVIII, con la idea de una “mano invisible” ordenadora que opera por encima de las voluntades individuales, un fenómeno virtuoso general no planificado que simplemente sucede. Que la libertad de los hombres descentralizada y atomizada termina generando bienestar para el colectivo es incuestionable desde las ciencias económicas serias. No son pocos los grandes economistas también religiosos que ven lo que ellos consideran como “la mano de Dios”. Pensadores muy creyentes como Jesús Huerta de Soto (católico) o Israel Kirzner (judío y rabino) están convencidos de esto, desde una perspectiva de la fe.
Desde el agnosticismo o el ateísmo, si uno mira con objetividad lo que sucedió en el mundo desde la revolución industrial hasta hoy (con más énfasis donde se ha permitido la libertad económica y el principio de la propiedad privada, implícito en el mandamiento que prohíbe robar) se puede hacer referencia a la existencia de un “milagro”, sin temor al sacrilegio.











