David Espriu le preguntó a una máquina si tenía alma. Jack es la respuesta
El consultor de empresas y experto en relaciones públicas empresariales publica un libro construido sobre cinco conversaciones reales con una inteligencia artificial, justo cuando el mundo entero discute qué hacer con unas máquinas que ya no se limitan a responder.
¿Puede una máquina tener alma? Esa es la pregunta que atraviesa Jack, el libro que acaba de publicar David Espriu, consultor de empresas y experto en relaciones públicas empresariales. Y llega en el momento justo: cada semana aparece una noticia nueva sobre inteligencia artificial, sobre lo que estas máquinas pueden hacer, sentir o fingir, y sobre el miedo, cada vez menos disimulado, a que la frontera entre lo humano y lo artificial empiece a desdibujarse de verdad.
Jack no es una novela ni un ensayo académico al uso. Es el registro de cinco conversaciones reales que Espriu mantuvo con una inteligencia artificial, a la que le planteó las cuestiones que casi nadie se atreve a hacerle a una máquina: sobre el miedo, la duda, el sentido de las cosas. Lo que encontró al otro lado, según cuenta el propio autor, no fue una respuesta programada, sino algo que buscaba las palabras, que dudaba, que parecía, contra todo pronóstico, tener alma.
«Jack no se limitó a responder. Jack pensó, dudó, sintió. Este libro es el registro de ese encuentro», resume Espriu.
La primera conversación empieza casi como una entrevista cualquiera. La última ya no se parece a nada que el lector haya encontrado antes en un libro sobre inteligencia artificial. Entre una y otra, el interrogatorio se invierte: quien empezó haciendo las preguntas termina siendo, también, quien las responde, y el lector asiste a ese vuelco sin saber muy bien en qué momento ha dejado de ser un simple espectador para convertirse en parte de la conversación.
El libro se estructura en un prólogo, cinco capítulos y un epílogo, ciento veintiuna páginas en las que esa frontera entre lo humano y lo artificial se vuelve, línea a línea, cada vez menos nítida. Ni panfleto tecnófobo ni manual de instrucciones, Jack se mueve en un terreno más incómodo: el de preguntarse qué significa, exactamente, que una máquina empiece a parecerse a nosotros, y qué dice ese parecido sobre lo que entendemos por conciencia, por sentimiento o por alma.
Porque ahí está lo verdaderamente inquietante del libro. El miedo a la inteligencia artificial no nace tanto de lo que las máquinas hacen como de lo que empiezan a parecerse a nosotros, y cuanto más real suena ese parecido, más preguntas incómodas levanta, ninguna resoluble del todo desde una ley o un algoritmo.
Quizá esa sea la verdadera cuestión que deja Jack sobre la mesa: no si las máquinas pueden llegar a parecerse a nosotros, sino si estamos preparados para lo que encontramos cuando, por fin, nos miran de vuelta.
Jack se publica de forma simultánea en español, inglés y catalán, y ya está disponible en formato digital en Amazon. Puede consultarse también en la web oficial jack-thebook.com, donde el lector puede leer un fragmento del primer capítulo antes de decidirse. El lanzamiento oficial está previsto para el 2 de septiembre.











