La Fundación Franco se hace a la mar por Ceuta: una flotilla en defensa de la españolidad

El general Chicharro, a bordo de la embarcación “La capitana”, con lotilla de la Fundación Franco en Ceuta.
Carlota Sales.- La situación límite que vive España en Ceuta obliga al patriotismo deja de ser una palabra y convertirse en presencia, compromiso y acción. Ceuta representa hoy uno de esos escenarios en los que el debate político español se encuentra con una realidad que no admite indiferencia: la defensa de la ciudad, de sus ciudadanos españoles y de su condición inequívocamente española.
En este contexto se sitúa la iniciativa de una flotilla de embarcaciones españolas vinculada a la Fundación Francisco Franco, presentada por sus impulsores como una acción de apoyo a Ceuta. Con su presencia en Ceuta, encabezada por el general Chicharro, la flotilla de la Fundación Franco ha querido dar un paso al frente cuando una parte de España siente que se encuentra abandonada.
La imagen de barcos españoles entrando en la bahía ceutí pretende transmitir precisamente ese mensaje: Ceuta no está sola.
El patriotismo y el amor a España, sin postureos, se demuestra así: navegando a toda vela rumbo a Ceuta y dando la cara por nuestros hermanos ceutíes. Más de 100.000 invasores han tomado la pequeña ciudad española del norte de África, saqueándola, violando menores, destrozando la vida diaria de los ceutíes. La Fundación Francisco Franco, esa fundación humilde, cultural, que tanto odian los criminales del gobierno, ha llenado la bahía de Ceuta de barcos españoles para apoyar y defender Ceuta. De estar vivos, no tengo duda que se habrían sumado a la expedición nuestros ilustres Juan Sebastián Elcano, Churruca, Gravina, Blas de Lezo, Vicente Yáñez Pinzón, Martín Alonso Pinzón, Alonso de Ojeda , Juan de la Cosa, Juan Rodríguez de Fonseca… Todos por España y contra el invasor.
La principal fuerza simbólica de la flotilla no está necesariamente en el número de embarcaciones ni en quién la organiza. Está en la idea que pretende representar: ciudadanos españoles dispuestos a trasladar su apoyo a una ciudad que consideran parte inseparable de su país y que en estos momentos constituye un asunto de Estado.
Y precisamente por eso convendría que el debate se centrara en las preguntas fundamentales: ¿cómo se protege eficazmente la frontera? ¿Cómo se garantiza la seguridad de los ceutíes? ¿Cómo se combate la delincuencia? ¿Y cómo se consigue que los ciudadanos de Ceuta sepan que los españoles del resto de la nación están con ellos?
La respuesta debería ser inequívoca.
Ceuta no puede ser una nota a pie de página en la política nacional. Tampoco un decorado para el enfrentamiento partidista. Es una ciudad española cuyos ciudadanos merecen que el Estado cumpla sus obligaciones.
Y si una flotilla civil consigue, al menos simbólicamente, recordar que existe una España que mira hacia Ceuta, el mensaje merece ser escuchado.
De momento, los ceutís ya bajan a la playa. La dejación de funciones del gobierno es evidente, y también de la oposición. ¿Dónde están Montero y las demás payasas feministas ante las múltiples violaciones? Sólo hace acto de presencia la Barbie plastificada pro-palestina, en pleno mes de agosto, con su pañuelo de activista al servicio de causas ajenas, mintiendo como una bellaca… Sólo le faltó masajear a algún africano delante de cámara, al mejor estilo de Cruz Roja.
En Cataluña llevamos años así, solo que aquí nos lo hemos buscado, con el famoso pacto Pujol-Aznar en el hotel Majestic y la firma del Estatuto Catalán. Ahí nos hicieron casi independientes traicionando al resto de españoles. Pero Ceuta no, no ha traicionado nunca a nadie. Nos están dando toda una lección de unidad y compromiso con España.
Ceuta es España. Y la unidad, en estos momentos tan dramáticos, no debería demostrarse solamente con palabras, sino también con presencia, compromiso y altura patriótica de miras.











