Madrileños traidores a España
Pedro Blasco.- Este caminante estaba hace años en la frontera entre Melilla (España) para pasar a Marruecos cuando vio cómo un soldado marroquí golpeaba con la culata de su fusil a una pobre porteadora, de las que se ganaban unos dírhams (moneda marroquí) a fuerza de enlomarse. Tras golpearla en la cabeza, la mujer se levantó.
La marroquí herida vio cómo disparé mi cámara y, ¡horror!, me delató al mismo guardia que le había golpeado. Cuatro policías, como armarios, me sacaron del coche y me llevaron a un cuarto oscuro.
Me tuvieron allí 20 minutos durante los cuales recé a Dios para que Alá se apiadara de mi alma. Luego entraron en la sala cuatro agentes y empezaron a gritarme (no me tocaron). Yo entendí que lo que querían era la foto que había hecho de la cobarde agresión a la mujer. Velé el carrete.
No apelé a mi condición de periodista porque, conocido el paño, hubiera sido peor. Desde entonces sigo manteniendo mi interés por la cultura y la vida marroquíes, país que suelo visitar una vez al año para honrar a quienes Abd el-Krim asesinó vilmente en Annual y Monte Arruit. También rezamos por los marroquíes muertos por las fuerzas españolas en esa guerra tan inútil y despiadada.
¡Oiga, que usted escribe de Madrid! Vale. En Madrid viven más de 80.000 marroquíes que, como la porteadora de mi viaje, se enloman porque su Gobierno es incapaz de sacar a su pueblo de la pobreza.
No estuvieron en el acto que convocó esta semana la embajada. Estaban trabajando.
Me da un profundo asco que los españoles que estuvieron presentes en ese acto en la embajada, entre ellos personas muy conocidas, excepto los periodistas, no abandonaran el lugar al término del falso discurso institucional pronunciado por la embajadora.
A estos canaperos de tercera no les importa que invadan su país o que mueran cien personas en el mar.
Van a lo suyo: el dinero.











