La izquierda y la «invasión» de Ceuta
Francisco Marhuenda.- Desde que Sánchez empezó a quejarse de la fachosfera y de que la derecha controlaba los medios de comunicación me llamó la atención que extendiera semejante patraña, ya que la izquierda ha siempre mayoritaria en este terreno. Es algo perfectamente contrastable e incluso sería interesante un estudio profundo para desmontar determinados tópicos. Por supuesto, existe una cierta derecha acomplejada que le gusta decir que el PSOE lo hace mal, pero también el PP.
Es algo parecido a lo que sucede en lo que podríamos denominar los mundos académico, intelectual, artístico o televisivo, donde ser de derechas no está bien visto. Un actor, director o guionista de cine o televisión tiene que ser de izquierdas, aunque es cierto que hay alguna excepción. Por supuesto, los que pueden viven como buenos burgueses. A la izquierda siempre le ha gustado mucho el dinero, así como jugar a la solidaridad viviendo en pisos y casas de lujo. Este contexto explica el trato exquisito que recibe Sánchez no solo en los escándalos que afectan al Gobierno, al PSOE y a su familia, sino también ante su incompetente gestión y la de sus ministros. Es cierto, que no pueden tapar los escándalos, que es lo que le gustaría, y la armada mediática del régimen no tiene otra alternativa que informar. No podían minimizar, por supuesto, la «invasión» de Ceuta, pero lo más importante es que Sánchez ya se ha ido de vacaciones escolares. Esto último lo digo porque es impresionante que se tome tantos días y disfrutando, como siempre, de las residencias oficiales como si fueran de su propiedad privada.
A la izquierda mediática y la derecha acomplejada solo les preocupa Ayuso. Lo que se trata es de comprar la nueva operación desatada por La Moncloa mientras aplauden el despilfarro del presidente y los ministros. Haga lo que haga Ayuso está mal. Lo que podríamos denominar la jauría más fiel y mejor pagada del sanchismo, los que enchufan en tertulias y programas, se escandaliza por el ático como si lo fuera a poner a su nombre. Por lo visto, cualquier cosa que haga tendrá que pedir permiso a los medios del régimen y a La Moncloa. En cambio, les parece muy bien que no dimita nadie tras la «invasión» de más de 70.000 marroquíes.











