La OCDE prevé para España una subida de la inflación al 3,3%
La OCDE prevé una subida de los precios en España. La economía española mantendrá un ritmo de crecimiento “resiliente” a pesar del conflicto en Oriente Próximo y la incertidumbre internacional, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que ha revisado una décima al alza su previsión de expansión para España en 2026, hasta el 2,2%, pero también ha incrementado su expectativa de inflación, que alcanzará el 3,3% este año.
El ‘think tank’ de las economías avanzadas deshace así la rebaja de una décima en la previsión de crecimiento de España para 2026 anunciada el pasado mes de marzo tras el comienzo de la guerra en Oriente Próximo, mientras que sigue proyectando una expansión del PIB del 1,7% para 2027.
De este modo, España se mantiene como la economía con mejor desempeño esperado por la OCDE este año, superando el 0,8% previsto para la zona euro y también el crecimiento del 2% proyectado para Estados Unidos. Por otro lado, la OCDE anticipa que la inversión se fortalezca a medida que se recupere la construcción residencial y se desembolsen los fondos europeos pendientes.
En la rueda de prensa de presentación del informe ‘Perspectivas Económicas’, el economista jefe de la OCDE, Stefano Scarpetta, ha señalado “un mercado laboral sólido” como uno de los factores que impulsan el crecimiento en España, incluyendo el efecto de la política de regularización de inmigrantes, sobre lo que ha añadido la importancia no solo de regularizar, sino de asegurar su plena integración en el mercado laboral para que puedan realmente contribuir al desarrollo global en España.
AUMENTO DE LOS PRECIOS
En cuanto a la evolución de los precios, las nuevas previsiones de la organización con sede en París apuntan a que la tasa de inflación subirá este año al 3,3% desde el 2,7% en 2025, como reflejo del aumento de los precios de la energía, antes de moderarse hasta cerca del 2,2% a finales de 2027.
No obstante, la OCDE avisa de que un conflicto prolongado en Oriente Próximo podría intensificar las perturbaciones energéticas, manteniendo elevadas las presiones inflacionarias durante más tiempo y reduciendo el crecimiento, pero también impulsar el turismo en España, a medida que los viajeros se decanten por destinos considerados más seguros.
RECOMENDACIONES
Para la OCDE las autoridades españolas deben aprovechar el actual dinamismo del crecimiento económico para reconstruir el margen fiscal e impulsar el crecimiento de la productividad mediante la creación de un entorno empresarial más favorable, mejorando el acceso a la financiación y reduciendo la carga administrativa.
“Lograr una sólida reducción de la deuda requerirá una consolidación sostenida junto con reformas estructurales”, afirma la institución, para la que asegurar la consolidación fiscal, al tiempo que se acelera la reducción del déficit, ayudaría a reconstruir las reservas fiscales ante el aumento del gasto relacionado con el envejecimiento de la población.
Asimismo, plantea que las medidas para mitigar los altos precios de la energía deberían dirigirse mejor hacia grupos sociales vulnerables y ser temporales para mitigar el impacto social de los precios más altos de la energía, limitando al mismo tiempo los costes fiscales.
Por último, si bien considera que España está bien posicionada para aprovechar su fuerte expansión de las energías renovables, la OCDE considera que para materializar plenamente estos beneficios será necesario simplificar los procesos de concesión de permisos, acelerar la inversión en infraestructura de red y apoyar la inversión en almacenamiento.
En cualquier caso, Scarpetta ha señalado que “España es un país de gran interés en este caso también debido a la diversificación energética y la menor dependencia de los combustibles fósiles”, lo que representa uno de los factores que ha permitido que la economía española resista a esta crisis energética quizás mejor que otros países europeos.
RECORTE DEL CRECIMIENTO MUNDIAL
A nivel global, la OCDE constatan que la evolución del conflicto en Oriente Próximo será el factor dominante en sus proyecciones, por lo que en un escenario de duración limitada, que permitiera reducir gradualmente a partir de mediados de 2026 los precios de la energía, prevé que el crecimiento económico mundial será del 2,8% en 2026, antes de recuperarse hasta el 3,1% en 2027, frente al 2,9% y el 3%, respectivamente, que anticipó en marzo.
En este contexto, espera que la inflación anual en los países del G20 aumente al 4% en 2026, desde el 3,4% en 2025, antes de disminuir al 3,1% en 2027 a medida que disminuyan las presiones sobre los precios de la energía y los alimentos.
Sin embargo, alerta de que si las perturbaciones persisten hasta bien entrado 2027, el crecimiento global se desacelerará significativamente, hasta apenas un 2,1% en 2026 y un 1,8% en 2027, “lo que podría llevar a algunas economías a una recesión o cerca de ella”, lo que provocaría un aumento del desempleo y podría debilitar considerablemente las inversiones, incluida la relacionada con la IA, alimentando el riesgo de reajuste en los mercados financieros.
En tal escenario, si bien las consecuencias serían globales, el economista jefe de la OCDE advierte de que podrían resultar especialmente graves para las economías en desarrollo, con reservas energéticas limitadas, una mayor proporción de energía y alimentos en el consumo doméstico, una capacidad fiscal restringida, redes de protección social débiles, bajos niveles de ahorro privado y monedas más frágiles.
Por otro lado, la OCDE sostiene que mantener la reciente resiliencia y adaptabilidad a las perturbaciones mostrada por el sector empresarial, junto con una mayor visibilidad de las posibles ganancias de productividad derivadas de las tecnologías de IA, podrían impulsar el crecimiento, especialmente en 2027, añadiendo que los cambios en los aranceles estadounidenses podrían aumentar o disminuir el comercio, la incertidumbre política y el crecimiento.
Ante este panorama, la organización subraya que los responsables políticos se enfrentan a decisiones difíciles, apuntando que los bancos centrales “pueden ignorar el aumento de precios impulsado por la oferta siempre que las expectativas de inflación se mantengan bien ancladas y se contengan los efectos de segunda ronda”, aunque reconoce que podría ser necesaria una respuesta si se intensifican las presiones inflacionarias o si el crecimiento se debilita significativamente.












