Hantavirus: con Sánchez y Fernando Simón estamos salvados
Àntonio Jiménez.- La crisis generada por el hantavirus en el barco holandés ha evidenciado que Sánchez aprendió muy poco sobre emergencias sanitarias durante la pandemia del COVID y sus consecuencias letales. Los graves errores de coordinación, transparencia, imprevisión, improvisación y deslealtad institucional perpetrados por el Gobierno de Sánchez en momentos puntuales de aquella pandemia se acaban de reproducir con el hantavirus. Con el añadido de que el problema de credibilidad y falta de confianza que arrastra este gobierno desde entonces se ha incrementado y más aún tras la irrupción en la escena del crucero holandés del todavía responsable del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, muy cuestionado desde el COVID.
El mismo Simón que entonces dijo aquello de que «a lo sumo serían uno o dos casos de contagio» y la pandemia acabó con la vida de más de 130.000 españoles ha afirmado ahora que lo del barco no supone un riesgo para la gente. El experto de Sánchez, es evidente, no es la persona más adecuada para transmitir confianza y tranquilidad en esta nueva crisis sanitaria. Como tampoco es admisible que la ministra de Sanidad, Mónica García, responsable de gestionar, por ausencia vergonzante de Sánchez, con acertado tino político y transparentes criterios médicos y científicos lo del crucero holandés, cometiera la torpeza, por acreditada incompetencia, de incurrir en improvisación, deslealtad institucional y descoordinación con el gobierno canario.
El lío político originado por «Mema» («médico y madre», como Mónica García se autodefinió), con el presidente canario Fernando Clavijo, a quien le asiste toda la razón al afirmar que lo que se va a hacer mañana en aguas del archipiélago con el barco fondeado frente a la costa de Tenerife se podía haber hecho en Cabo Verde, ha causado más alarmismo, inquietud y confusión entre la gente que el propio virus. Es la seña de identidad del sanchismo, consistente en abordar los problemas generando otros de consecuencias imprevisibles.
Dicho lo cual, España hace lo que moral y humanitariamente exige esta emergencia sanitaria, entre otros motivos por la presencia de compatriotas en el ‘Hondius’. Nuestro país está preparado médica y científicamente para responder y afrontar esta crisis de manera responsable y eficaz, si no incurre el gobierno en más torpezas y errores, en contraste con la oposición manifestada por Cabo Verde y Marruecos, cuyo rechazo a que aterrizara en su territorio un avión medicalizado por problemas técnicos con varios contagiados, cuestiona su capacidad logística y operativa para albergar la final de la Copa del Mundo de fútbol en lugar de España.
Y siendo así que una nación del primer mundo como la nuestra pueda ser requerida por la OMS (Organización Mundial de la Salud) para colaborar de forma resolutiva en la actual emergencia, resulta más necesario y exigible que el gobierno ofrezca información rigurosa, transparente y protocolos de seguridad garantizados sobre los pasos a seguir sin caer en espectáculos contradictorios y desconcertantes como el protagonizado por las ministras de Sanidad y Defensa a propósito de la obligatoriedad o voluntariedad de la cuarentena, exigible a todas luces a los pasajeros españoles. Obligatoriedad que debe ser incuestionable por razones de salud pública tras conocerse la letalidad del hantavirus ‘Andes’, la facilidad de su contagio según los epidemiólogos, el aumento de los mismos dentro y fuera del barco, y el caso fechado en Argentina en 2018, donde 11 personas fallecieron y unas treinta se infectaron por contagio social, no necesariamente por un contacto estrecho, durante la celebración de un cumpleaños. Un detalle que hace urgente e imprescindible que el gobierno no la pifie más y responda con la eficacia y acierto que la situación requiere.
Por muchísimo menos, recuerdo que en 2014, las formaciones políticas, cuyos dirigentes hoy tienen esa responsabilidad, se la montaron a Rajoy con movilizaciones y protestas injustificables por haber repatriado, también por razones morales y humanitarias, a dos misioneros infectados por ébola y el contagio de una auxiliar de enfermería, cuyo perro ‘Excalibur’ tuvo que ser sacrificado. La sobreactuación y utilización política perversa que la izquierda, ahora en el Gobierno con Sánchez al frente, hizo de aquel hecho esperpéntico por la muerte de un perro fue tan reprobable y despreciable como indecente y ruin.











