“¡Levántate y piensa!”
Fraguas.- Decía Julio Anguita, un “fascista de libro”, como se le llamaría hoy: “¡Levántate y piensa!”. Para ello, ponía como ejemplo las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: “No vengo a traer paz, sino guerra”. Jesús, con esa expresión, advertía que su mensaje iría contra los intereses de los poderosos porque, si el pueblo piensa, la consecuencia es contraria a ellos: levanta ampollas e impide la injusticia, depaupera al rico y beneficia al pobre; generalmente, el rico también es político.
Es la mayor expresión de pensamiento elevado que tiene una sociedad. En eso Anguita y yo coincidimos.
Esta semana, una diputada de Más Madrid, con todo el odio plástico en la cara, rebuznaba soflamas carentes de moral, deslealtades hacia el ciudadano y piedras con cantos afilados a nuestro sistema garantista, el que nos da la poca libertad de la que gozamos: “No existe el derecho a tener tres viviendas. ¡No existe ese derecho!”, dijo.
Sin quererlo, como hacen los ignorantes, soltó una intención, un deseo real de arrebatar la libertad de los españoles. Así es el comunismo.
¡Levántate y piensa! ¿Por qué una política se atreve a soltar semejante aberración? ¿Es que acaso ese derecho no existe de verdad?
Pues sí, sí que existe y se llama derecho a la propiedad, establecido en nuestra Constitución. Es el derecho que establece las bases de una sociedad libre. Allí donde se abolió, todo el mundo tuvo una vivienda, es verdad; pero la sociedad terminó colapsando y la consecuencia fue el hambre y la muerte.
Esa mirada corta de esta señora, esa incapacidad política e intelectual, no es capaz de explicar qué haría la sociedad política con aquellos ciudadanos que tienen la capacidad empresarial para generar vivienda y mover un mercado que es base fundamental de la economía de España. Es tan débil moralmente que ve inmorales a quienes tienen tres casas; pero aplaude a compañeros que tienen dos o tres sueldos, ninguno patrimonio de iniciativa privada. No sabe explicar cómo una sociedad sin ese derecho opone resistencia a la opresión sin nada que defender y condena a futuras generaciones, viviendo sin metas y sin mérito, a lo preestablecido en el Antiguo Régimen: una sociedad de siervos al albur de una casta de nobles que dirijan sus vidas.
La propiedad, y sobre todo la multipropiedad del ciudadano, es la que acabó con el feudalismo y con el absolutismo en Europa. Cuando la URSS la abolió, su sociedad volvió al absolutismo disfrazado de sistema ideal; pero que, en realidad, trajo miseria, hambre y servidumbre.
Este es el pelo de la izquierda. Estos son los detalles que deben invitar a todos los ciudadanos a seguir la premisa de Julio Anguita: “¡Levántate y piensa!”.
Ave María Purísima.











