Treinta años de la apoteosis de Joselito en Las Ventas: la jornada donde el toreo alcanzó la perfección
Hay fechas que se instalan definitivamente en la leyenda taurina y este 2 de mayo marcó el trigésimo aniversario del punto más alto de una época. Hace tres décadas, Madrid se preparaba para conmemorar el 250 aniversario del nacimiento de Francisco de Goya con una encerrona que estuvo a punto de no celebrarse. El ambiente previo en los corrales de Las Ventas fue de auténtica “preguerra”: los veterinarios rechazaron el encierro titular completo, obligando a remendar la corrida con sobreros de ganaderías menos contrastadas.
La tarde amaneció bajo un diluvio y un viento racheado que hacían presagiar la suspensión. Sin embargo, minutos antes de que el torero de La Guindalera iniciara el paseíllo, ocurrió algo que el propio diestro calificó como “una señal del destino”: la lluvia cesó bruscamente y un rayo de sol iluminó su traje verde botella y oro.
Lo que sucedió a partir de ese instante fue una exhibición que la crítica de la época calificó de “inconmensurable” y “apoteósica”. Joselito no solo salió a triunfar, sino que dictó una cátedra de historia del toreo
Sin embargo, detrás del brillo de las seis orejas, latía una carga humana de “miedo” y responsabilidad. Joselito se sinceró años después reconociendo que aquel día se había “preparado para el fracaso, no para el triunfo”.
El momento determinante de la lidia se produjo ante el segundo ejemplar, un sobrero de Cortijoliva, y el cuarto, de Las Ramblas. En ambos, el espada alcanzó cotas de temple, desmayo y armonía que enloquecieron al graderío. La suerte suprema fue otro de los pilares de su éxito: seis toros y seis estocadas, entrando a matar con una rectitud y una verdad que le confirmaron como el rey de espadas de la baraja taurina
La prensa del 3 de mayo de 1996 fue unánime en su juicio. Joaquín Vidal tituló su crónica “Apoteosis de Joselito”, destacando que el torero estuvo “por encima del bien y del mal”, mientras que Carlos Ilián afirmaba que el diestro había rozado la perfección absoluta. El triunfo fue tan rotundo que la noticia taurina desplazó de las portadas nacionales a los grandes acontecimientos de la actualidad general
Ayer, la Corrida Goyesca de este 2 de mayo de 2026 recuperó ese espíritu con un cartel oficial que rindió tributo a aquella tarde legendaria. La obra de la artista Paloma Velarde, que ilustra la icónica chaquetilla verde botella de 1996, sirvió de recordatorio de que la historia de la Monumental se construye con las emociones de quienes vivieron hitos similares. Para los aficionados que “sobrevivieron” a aquella tarde, el recuerdo permanece nítido: el ritmo, la matemática de los terrenos y la entrega de un hombre que se rompió el alma frente al riesgo. Joselito no solo conquistó Madrid aquella tarde de mayo; conquistó la eternidad, dejando un estándar de calidad que sigue siendo la vara de medir para cualquier figura que pretenda mandar en el toreo.











