Bolaños, «Mamanabos jefe»
Hay profesiones de riesgo — bombero, submarinista, domador de leones — y luego está esa otra disciplina, menos reconocida pero igual de exigente: el mamanabos político de élite. Un arte que exige años de práctica, reflejos rápidos y, sobre todo, una habilidad extraordinaria para sostener lo insostenible sin que se te mueva una ceja.
Y hoy, España ha asistido a una lección magistral.
Félix Bolaños, en un ejercicio que debería estudiarse en los cursos de formación de las bases del bipartidismo, ha decidido que la mejor manera de ejercer como ministro de Justicia es… cargar contra la justicia. Así, sin anestesia.
El objetivo ha sido el juez Juan Carlos Peinado en el ya famoso caso de Begoña Gómez. El resultado: una intervención que oscila entre el asombro, la carcajada nerviosa y el estudio clínico. Muy difícil sería, que la inmensa imaginación «quinqui» de Santiago Segura, nos brindase algo así en el siguiente Torrente.
Porque no hablamos de un desliz, ni de un exceso verbal. No. Esto es otra cosa. Esto es la culminación de una carrera construida ladrillo a ladrillo en las canteras del partido, donde el talento más valorado no es tener criterio, sino estar siempre pendiente del jefe de turno… y colocarse justo ahí, con entusiasmo.
El “mamanabos” de base aprende pronto las reglas:
1. El jefe siempre tiene razón.
2. Si no la tiene, ver punto 1.
3. Si la verdad contradice al jefe, peor para la verdad.
Con el tiempo, el aprendiz evoluciona. Ya no solo repite, interpreta. Ya no solo asiente, argumenta. Y, en su fase final, alcanza la iluminación y ya es capaz de defender lo indefendible con tal aplomo que durante unos segundos hasta parece convincente.
Ese es el nivel al que hoy ha jugado Bolaños.
Porque hay que tener un «peso específico genital» especial para ocupar el Ministerio de Justicia y, en vez de reforzar la confianza en las instituciones, dedicarse a tirarlas por los suelos si incomodan al jefe o a su mujer. Es como defender a Ábalos y proponerlo para dar conferencias de igualdad.
Pero claro, aquí no se trata de coherencia. Se trata de lealtad. De esa lealtad de hierro que convierte a algunos dirigentes en algo más que políticos, en escudos humanos del tan de moda «relato». Da igual el coste, da igual el ridículo potencial. Si hay que salir a escena, se sale. Y si hay que torcer el argumento hasta que chirríe, se tuerce.
Y entonces ocurre lo inevitable: el cargo, la institución y el discurso empiezan a parecer una parodia de sí mismos. No porque alguien lo haya buscado, sino porque ya es una costumbre a la que nos están sometiendo, que es considerarnos gilipollas a todos.
Aun así, hay que reconocer el mérito. No cualquiera alcanza este grado de entrega. No es fácil mirar de frente al jefe, darle la mano y decirle: “vamos juntos hasta el final, nabo mío». Y todo ello sin despeinarse.
Por eso, lo de hoy no ha sido una simple intervención política. Ha sido una exhibición. Un salto cualitativo. El momento en el que el alumno aventajado deja de ser uno más, para convertirse en referencia. Por eso mismo le vamos a conceder oficialmente hoy el cargo de “MAMANABOS JEFE”.












El gobierno está totalmente enmaso nado. Nos agrede constantemente con ese típico recochineo tal múdico porque sabe que ya nos ha converetido en gilipollas totales que les pone el hombro y lo que sea cuantas vec es quiera
Del masón, la traición (pero el parsonal aún no se ha enterrado)