Hacia la mayoría que Castilla y León precisa
Un partido político tiene su razón de ser y de existir en la medida que sea útil a la sociedad a la que representa. Es así de simple. En España, hay unos cuantos que ningunean ese fundamento capital en cualquier régimen liberal y representativo. El ciclo electoral que atravesamos con escalas en Extremadura, Aragón, Castilla y León este domingo y Andalucía en unas semanas ha puesto de manifiesto hasta qué punto el tacticismo se ha adueñado de decisiones críticas para derivar en discursos de bloqueo y convertirse en un problema para la gobernabilidad sin que el interés general pesara lo más mínimo.
El foco está en Vox porque Vox se ha encargado de que así sea después una gestión de la que tendrá que rendir cuentas ante sus votantes en particular y la ciudadanía en general. Alfonso Fernández Mañueco lo ha expresado con firmeza y sin matices en una entrevista con La Razón: «Si Vox no gana a la izquierda y no pacta con el PP, nadie entiende para qué sirve». Es imposible objetar nada a la reflexión del candidato del PP a la presidencia de la Junta de Castilla y León y principal favorito para ganar los comicios conforme a todos los sondeos conocidos.
En el contexto crítico nacional e internacional en el que nos encontramos, es imprescindible dejar en la puerta los oportunismos, los ventajismos y las medias tintas. Fernández Mañueco lo ha explicitado: «Vox debe decidir qué quiere. Bloqueo, que es lo que ha hecho en Extremadura. O acuerdo». Lo primero resultaría un error garrafal que primaría a quien no lo merece como el sanchismo, pero sobre todo que perjudicaría a la gente, que suficientes dificultades tiene ya para llegar a final de mes después de casi ocho años del peor gobierno de la historia de la democracia. Nadie entendería otro futuro que el del compromiso entre las marcas del centro derecha que garantizara una mayoría consistente y robusta con que empujar la acción de gobierno.
Tensar la cuerda como urdimbre doctrinal, estratégica y programática tendrá el recorrido que tenga la coyuntura y será el camino más recto hacia el fracaso de sus patrocinadores, pues los ciudadanos no entenderían que otros intereses que no sean los generales se impusieran para colapsar una región bien gestionada por Fernández Mañueco, con bases sólidas y liderazgo sobre las que prosperar en un horizonte de incertidumbre e inestabilidad que no lo pondrá sencillo.
El balance de años complicados ha reforzado a un presidente castellano y leonés que ha mejorado la vida de sus paisanos hasta convertir la región en un referente del Estado en ámbitos decisivos. Y nos parece de justicia ponderar su Presidencia rigurosa y capaz en medio de la tormenta que azotó el mandato desde ambos flancos políticos. Pese a todo, o precisamente por su labor, el centro derecha cuenta con una opción cierta de revalidar y robustecer su mayoría en Castilla y León. Sería inexcusable que se defraudara la confianza de los votantes.












