Escraches duros, huelgas calientes
Julián Cabrera.- Está por ver si lo de calentar las calles tiene algún rédito electoral y si el posible beneficiado final de algo relacionado directamente con la inseguridad no es precisamente un partido de izquierdas, sino todo lo contrario, a mayor regocijo de quienes siguen contemplando futuras plusvalías en eso de potenciar a la derecha contigua del PP. No es necesario asomarse a Francia para colegir que, como en el país vecino, aquí en España y con la piel irritada por la precampaña electoral más frentista de nuestra historia reciente, bajo la punta del iceberg de legítimas reivindicaciones sociales se esconde la repugnante ponzoña, no solo de la utilización partidista de esas reivindicaciones, sino algo mucho más inquietante, como es la instauración de una violencia claramente organizada y encaminada a poner en jaque al propio sistema, minando la clave de bóveda que supone el imperio de la ley. Los fundadores de Comisiones Obreras no sabían lo que eran las redes sociales; de hecho, sus convocatorias llegaban desde el boca a boca y el cartel clandestino en la lucha contra una dictadura, pero de haber levantado la cabeza, solo se habrían vuelto hacia su tumba tras haber corrido a gorrazos a quienes desde este sindicato de «clase» sumido ya en el verticalismo adocenado por la subvención animaron esta semana a participar en un escrache contra la presidenta de la comunidad madrileña. El gobierno de Díaz Ayuso, además de primerísima piedra desde hace años en el zapato sanchista, es hoy el principal objetivo de una izquierda indigente de ideas que pretende la toma de las calles como quien asalta los cuarteles de invierno, arrogándose una supuesta «mayoría social» que en términos reales solo cosecha descalabros en las urnas.
El amenazante «no habrá paz para Madrid» esgrimido por la portavoz de Más Madrid en la asamblea regional lleva días sonando a algo más que mera alharaca parlamentaria; más bien se brinda como toda una tarjeta de visita para el periodo que aguarda entre el 29 de noviembre y los comicios municipales de mayo. El ejemplo francés es meridiano: la extrema izquierda asaltando las calles ante el vaticinio de un posible éxito electoral de la extrema derecha en los comicios de 2027; si a ello se suma la bomba de relojería (estallando ya en Francia) de la inmigración, obligada reválida para el próximo gobierno de España.










