Atlantes en la España de Felipe VI
Fraguas.- En el Principio fue Atlántida y fue grande. De ella salieron todos los grandes pueblos del mar.
Después vino un tiempo de caos que terminó con Tarsis y, más tarde, con las naciones hijas que acudieron a su madre tierra a conquistarla.
Y el tiempo habló y lo hizo en latín. Roma se quedó con las tierras atlantes olvidadas de Iberia
y la llamó provincia de Hispania y consiguió gloria. En todos estos tiempos, Ceuta y Melilla y las islas adyacentes, más otras tierras del Sur, estaban en ella. Los restos de Eber (Iberia) se quedaron afuera y se les conoció como hijos de Iberia (bereber).
Y la luz de Roma se apagó e Hispania fue goda y reinó la corrupción.
Y los corruptos partieron en dos el cuerpo sagrado de Eber; entonces los desagradecidos hijos de Eber, los bereberes, olvidaron su origen y conquistaron las tierras de su madre y fueron corruptos y asesinaron y partieron el cuerpo. A cada parte la llamaron taifa.
Una parte del cuerpo aún latía y, cuando cicatrizó, recompuso el cuerpo y la llamó España.
Quiso Dios que fuera grande de nuevo bajo el nombre de una familia con el apellido de otra nación, los Austrias. Y fueron buenos y justos y la llamaron España.
Y la hicieron grande. Y la llevaron a conquistar tierras que antaño también fueron Atlántida.
Y la semilla de los Austrias se secó. Entonces toda Europa quiso sus restos; pero se los quedó el Borbón.
Y reinó Carlos IV, cornudo complaciente. Y no fue bueno.
Y reinó su hijo, el felón, que se la chupaba a Napoleón —de ahí lo de felón (felatio)— y no fue bueno.
Y reinó su hija Isabel, la del furor uterino, y no fue buena.
Y pasaron otros que tampoco fueron buenos y España sufrió y se volvió a partir en una veintena de trozos, esta vez separados por el mar que recuerda la Atlántida, tremenda ironía.
Pero Ceuta y Melilla siguieron en el cuerpo principal, siempre.
Y España, desde entonces, no conoció la dicha y arrastró amargura.
Un Caudillo recuperó tierras bereberes, hijas de la madre Atlántida, para España. Allá por el Sahara; pero la maldición del Borbón regresó.
Pudo reinar un buen Borbón por aquellos tiempos; pero Don Juan fue traicionado por su hijo y la historia no cambió.
Y reinó Juan Carlos I y no fue bueno. Consintió que la España bereber se la llevara un país inventado; pero Ceuta y Melilla y las islas adyacentes siguieron en el vientre de la madre.
Y reinó su hijo, Felipe VI, y era cobarde y no supo de su abuelo. Con él regresaron los godos que, con la corrupción, partieron España en dos. Y el país inventado, como antaño, quiso hacer lo que los antiguos, y entraron primero en el Sahara y “ayer” en Ceuta.
La profecía dice que un Rodrigo perdió España y otro Rodrigo la volverá a perder.
Y el esposo de la republicana debió llamarse así porque es Borbón, cobarde y aliado de corruptos.
Y España ya no existe desde que las nuevas taifas dominaron esta tierra; pero un grupo de rebeldes no admite la desdicha y se opone a una nueva conquista y defenderá España.
Y, sin serlo, se les llamó fachas, fascistas o ultraderecha; pero su nombre real es ATLANTES.
Ave María Purísima.











