El sueño de la serpiente
Fraguas.- ¿Sabe usted, amado lector, lo que es una conclusión ex post? Ésta se da cuando la explicación evidente se conoce, no por la coherencia de los hechos sino por la contundencia del resultado adquirido por elementos anteriores no detectados. Le pongo un ejemplo: Corre una leyenda urbana sobre un imbécil que adoptó a una pitón y la crió con el mismo cariño que hoy se da a todas las mascotas. Comía de su mano y de los mejores alimentos. Era atendida de manera excepcional, incluso dormía con ella.
Contaba el imbécil que su serpiente crecía saludable y se sentía tan feliz que se estiraba en la cama –-pues dormía con él— paralela a su cuerpo, como uno cuando se estira en el paraíso de Morfeo. La serpiente ya tenía su mismo tamaño y la costumbre del sueño seguía siendo la misma. Una casualidad quiso reencontrar al imbécil con un antiguo conocido que era zoólogo quien le advirtió de que la bicha no buscaba el placer del sueño, sino que esperaba pacientemente el momento de crecimiento exacto para que el cuerpo del dueño cupiera en el suyo. Nunca la portadora del pecado tuvo otra intención que no fuera la de comerse al imbécil. A este acierto o investigación de sorpresa podríamos llamarlo conclusión anticipada por evidencia y fue colegida por el zoólogo. De haber tardado unas semanas más, el animal se hubiera merendado al imbécil y entonces la conclusión hubiera sido “ex post”.
Es decir, alguien que hubiera oído anteriormente las declaraciones del finado hubiera colegio “ex post” que la serpiente no dormía, sino que medía. O sea que “Ex post” viene a significar: a buenas horas mangas verdes. Traspolemos esto a la actualidad, pues es la forma de que este artículo adquiera sentido: En 2023 el Rey de España —señalado como cómplice o coamenazado junto al hijo de la mal nombrada— postuló a Sánchez para la Presidencia del Gobierno. Se dice que no pudo ser de otra manera; pues Feijoo no consiguió la mayoría parlamentaria; pero ya no recordamos que tuvo que dar por válidas las cuentas de los apoyos para Sánchez sin que las fuerzas políticas periféricas se lo comunicaran —los nacionalistas no pasaron consulta con el rey— sufriendo el mayor desprecio a la primera institución de España. Podía haber exigido las consultas; es más, pudo demorar los plazos, a consecuencia, para demorar y forzar nuevos comicios; pero había prisa por legitimar el gobierno que favorecería lo que ahora colegimos “Ex post” ¿Se habría entregado el Sahara? ¿Se habría llevado la misma política de inmigración? ¿Se habría consentido la invasión de Ceuta? Yo ya no me pregunto ni me rasgo las vestiduras por la acedía del rey. No es que no pueda, es que no quiere.
Todo está atado y bien atado. Marruecos prepara una invasión pacífica. Sí, Marruecos. Todos vimos los camiones bañera cargados con cientos de pasajeros y administrados por los gendarmes bereberes. El motivo da igual, la entrada es forzada y alevosa. Desde las instituciones españolas se denomina a esto crisis migratoria y tenemos que aceptar a quince mil almas sometiendo a los ceutíes a condiciones extraordinarias. La jugada de la reinona del Sur es increíble: se quita basura de las cárceles y pone en jaque a España, pues la fuerza a un gasto diario inmenso y recibe subvenciones de Europa como ayuda a la contención migratoria que causó él. La reinona del Sur es la serpiente pitón del imbécil conocido como el hijo de la mal nombrada. España pone las víctimas y paga, Marruecos crea las víctimas y cobra. He escuchado a una parlamentaria europea del PSOE hablar sobre la obligación de atender y repartir a los menas entre las demás comunidades autónomas. La ceguera del imbécil también es más opaca cuanto más se ejercita el culto a lo absurdo.
Todo el mundo sabe que los menas tienen un tutor primero que debería hacerse cargo de ellos, la reinona. Además, aquellos que cruzaron por mar no pueden ser devueltos por la dichosa ley del Supremo; pero de haber sido un político fiel no amenazado, se hubiera denominado el episodio como ataque o invasión; entonces ya no serían inmigrantes, sino invasores y esa ley se quedaría en agua de borrajas. Una pregunta: ¿Cuántas personas han de llegar ilegalmente a una ciudad para adquirir la condición de invasión? ¿Cien mil? ¿Doscientas mil? ¿Trescientas mil? Nadie en España ha hecho esta pregunta; pero la reinona sí se la hizo en su día. La próxima vez, Marruecos lo hará de nuevo; pues ya ha medido y la masa superará con creces la población de Ceuta o de Melilla. Entonces la conclusión será “Ex post” y la masa ilegal se tragará el cuerpo completo de las ciudades autónomas. Pero la leyenda urbana no menciona al vendedor de comida para serpientes que sabiendo de la intención —con tal de vender— jamás avisó al imbécil. Así cenamos en España viendo a Vivas en “El hormiguero”. Tiene cara de bonachón y ahora se rasga las vestiduras.
Se atreve a decir que un gobierno que no se anticipa y evita estos envites contra la Constitución y contra la integridad territorial no tiene capacidad ni merece gobernar; Sin embargo, querido bonachón, su gobierno bien pudo dirigir a la ciudadanía para exigir una mesa de presidentes y usted mismo forzarla. Pudo hacer reclamaciones institucionales de auxilio a Europa y no lo hizo ¿Qué es más fácil que el malo sea otro o que todos estén dentro del guión? Si Vivas siguió los parámetros del partido que lo auspicia, la posibilidad de cooperación no se descarta; aunque él no lo vea. Y pudo pedir el auxilio de la OTAN –que sabemos que no contempla estas ciudades— pero forzaría a una negativa institucional que sacaría los colores a los gobiernos del Atlántico Norte y despertaría de la estupidez al pueblo español.La política es muy sencilla cuando uno no se pierde en debates alimentados por obstruccionistas retóricos. El sofisma técnico es lo que merendamos cada día en todas las tertulias, en todas las redes sociales; pero ese sofisma, amado lector, es el lenguaje de la serpiente. Todo lo que dice el rey es mentira, todo lo que dice Sánchez es mentira, todo lo que dice Feijoo y Abascal es mentira. La única verdad la sabe y la dice España; pero los españoles estamos a la compra de comida para la serpiente.










