Pedro el quemado
JdC.- En primer lugar, me veo en la obligación de informarles que ´Pedro el quemado´ es una película mexicana de 2002 que no he visto y que imagino malísima. Un producto destinado al consumo en circuitos desérticos, pero del que me valgo, como de cualquier otro título.
Pedro Sánchez está chamuscado, achicharrado o carbonizado. Una escala de gravedad que se establece de acuerdo con la distancia que mantenga con él quien emita el informe en la unidad de quemados.
Eso no quiere decir que no queden sanchistas. El acceso a los fondos públicos hace maravillas y, mientras exista el vínculo, existirá el matrimonio.
Ahí tenemos al Gran Wyoming, que le promete en vivo y en directo los cuarenta votos de su equipo como regalo de bienvenida a su programa; o a Tezanos, que le entrega en bandeja de plata un sondeo donde brilla con luz propia la intención de voto sanchista, aunque el CIS sea el único estudio demoscópico que se atreva a tal osadía.
Otras firmas menos escoradas afirman que en realidad la distancia con el PP es de diez puntos a la baja. Se ve que puestos a hacer números no hay ensoñación que no aguante el papel.
Por eso urge que las especulaciones den paso a las urnas.
Un presidente que no ejerce como tal, que no puede salir a la calle sin ser insultado y que no sabe distinguir una invasión de una excursión, es un presidente quemado, lo diga Wyoming o su porquero.
El gran temor del que ya se habla con una naturalidad que aterra es que Sánchez no se quedará de brazos cruzados a la espera de unos resultados que lo borren del mapa, sino que buscará modificar el sentido del voto con leyes de nietos, regularizaciones, o lo que sea, y en ese tercer paquete entran a día de hoy posibilidades que espeluznan y que no estamos en condiciones de repetir, porque su mera mención sin pruebas conlleva cárcel.











