David Galán, un torero de época: Tarifa se rinde a una doble faena de leyenda
David Galán firma una tarde apoteósica en Tarifa, donde corta dos orejas y rabo a ‘Gaditano’, de Lagunajanda, y corona su doblete con el indulto de ‘Triunfador’
Y es que hay toreros que pasan por las plazas y hay toreros que dejan en ellas una cicatriz imborrable. David Galán pertenece a los segundos. Tarifa volvió a ser territorio de su historia y el malagueño escribió una de esas páginas que el tiempo no consigue borrar. Dos actuaciones de entrega absoluta, dos faenas de enorme personalidad y una plaza rendida ante un torero que hizo del riesgo, la emoción y el toreo de verdad su bandera.
Galán llegó a Tarifa dispuesto a no dejarse nada en el esportón. Y no se dejó ni una gota de torería. Apostó desde el primer muletazo, se cruzó, templó, mandó y llevó la faena siempre por delante, con esa capacidad suya para entender el ritmo del toro y, al mismo tiempo, imponerle el suyo.
Ante un extraordinario ejemplar de Lagunajanda, el malagueño encontró materia para construir una faena de las que levantan una plaza. El recibo ya fue toda una declaración de intenciones: larga cambiada de rodillas, emoción a flor de piel y un torero que no estaba dispuesto a administrar la tarde, sino a conquistarla.
Después, el quite de colleras junto a Manuel Escribano añadió pólvora al ambiente. Y Galán, consciente de que las grandes tardes no admiten medias tintas, abrió la faena de muleta por la espalda, dejando claro desde el primer instante que venía a jugarse el triunfo.
Lo que siguió fue un ejercicio de toreo con personalidad, temple y gusto. Galán entendió al toro, le dio sitio, le ofreció los vuelos y fue gobernando la embestida con una naturalidad que contrastaba con la intensidad de la apuesta. Cada serie tuvo su sentido; cada remate, su intención. Y conforme el toro se entregaba, el torero se fue abandonando más.
Hubo momentos de auténtico arrebato. El malagueño atacó los finales de faena, se metió en los terrenos donde la emoción se convierte en verdad y encendió definitivamente los tendidos. No había cálculo. Había hambre de triunfo y una determinación incontestable por convertir aquella comparecencia en una tarde para el recuerdo.
La estocada puso rúbrica a una faena de enorme calibre. Dos orejas y rabo para David Galán, que volvió a demostrar que cuando se anuncia no viene a cumplir: viene a triunfar.
‘Gaditano’, de Lagunajanda, recibió el reconocimiento de la vuelta al ruedo. Un toro con clase y condiciones al que Galán supo sacar todo lo que llevaba dentro.
Pero todavía faltaba el capítulo más extraordinario.
En su segunda actuación, David Galán volvió a salir a por todas. Otra vez sin guardarse nada, otra vez con esa mezcla de oficio, valor y abandono que define a los toreros capaces de convertir una faena en un acontecimiento. El trasteo fue creciendo en intensidad hasta alcanzar un punto de ebullición. Galán se volcó en los finales, exprimió cada embestida y terminó abrazando al toro en una faena de creciente emoción.
Y entonces ocurrió lo que convierte una buena tarde en una tarde histórica.
El pañuelo naranja apareció en el palco.
El presidente decretaba el indulto de ‘Triunfador’, poniendo el sello definitivo a una actuación que ya había adquirido dimensiones de acontecimiento.
Tarifa volvía a rendirse ante David Galán.
Hay algo que distingue a este torero: su capacidad para convertir cada oportunidad en una declaración de principios. Donde otros administran, Galán arriesga y donde otros buscan el camino más corto hacia el triunfo, él busca la emoción. Y cuando encuentra un toro que le permite expresarse, aparece un torero de enorme dimensión.
Lo de Tarifa no fue solamente una sucesión de trofeos. Fue mucho más. Fue una reivindicación a golpe de muleta y la confirmación de un concepto. También la demostración de que el toreo también necesita toreros capaces de comprometerse hasta las últimas consecuencias.
David Galán tiene esa rara virtud de los elegidos: allá donde interviene, deja algo. A veces es una faena; otras, una imagen; otras, una tarde entera. En Tarifa dejó una de esas tardes que se cuentan después en los corrillos, que se recuerdan cuando pasan los años y que terminan formando parte de la memoria sentimental de una plaza.
Dos faenas. Dos caras de un mismo torero. El triunfo de ‘Gaditano’. El indulto de ‘Triunfador’. Y una sola conclusión: David Galán es un torero de época.
Se trata de un torero que no entiende de tardes menores y que sale a la plaza para hacer historia. Y en Tarifa, una vez más, la historia llevó su nombre.











