El caso Marruecos
En sus memorias, Juan Carlos recuerda sus amigables charlas con Hasán II sobre el destino de Ceuta y Melilla. Sabino Fernandez Campo me comentó que el rey había llegado a dar consejos a su amigo: llenar las ciudades de moros. Lo han hecho el PP y el PSOE. Antes le había entregado el Sahara. Juan Carlos también tranquilizó a Londres sobre Gibraltar: por parte de España, es decir, de sus políticos, la cosa iba para largo.
Es obvio que Rabat se ha planteado una estrategia de gran alcance contra España, parte de la cual es la financiación (soborno) a políticos españoles. En eso le ha ido muy bien hasta ahora: tanto el PP como el PSOE se sienten “amigos fiables y aliados” del país que aspira a invadir nuestro territorio.
Un verdadero periodismo investigaría las relaciones de los políticos del PP y del PSOE con Gibraltar y con Rabat. Salen cosas a la superficie, pero es preciso conocer el fondo. Cuando Napoleón invadió España contó con la colaboración de una infame casta política, y tuvo que ser el pueblo el que resolviese la cuestión.
Dicen los enterados que Marruecos está siendo dirigido contra España por Israel. Debe de ser la famosa alianza islamosionista. Al parecer, a los pobres marroquíes (protegidos por Usa, la UE y la OTAN) no se les había ocurrido.
Nadie alienta más a Marruecos contra España que el gobierno del Saunas y su socio Feijoo: son ellos quienes estimulan las esperanzas marroquíes. El problema no está en Marruecos, sino en la sociedad mafiosa PP-PSOE. Lo mismo con Gibraltar.
Ni Israel ni Usa son amigos nuestros. Menos aún lo son los islámicos. Si no sabemos mantenernos neutrales, seremos víctimas de unos y otros.










