Diego Urdiales toca el cielo de Madrid envuelto en su madura torería,
La cuadrilla del Búcaro.- Diego Urdiales, un torero de inspiración y arte, muchas tardes incomprendido, encuentra en Madrid una tarde de triunfo y puerta grande.
El recital de verónicas en sus dos toros, bien valía la función, cumbre un quite largo y profundo por ese palo al cuarto. No acabó de sintonizar del todo con su noble primero, en una faena intermitente, protestada por algún sector, pero el riojano desafió el trance con bello y caro toreo al natural. Una gran estocada, otra que optará a premio, le puso la primera oreja. La cumbre llegó en el cuarto, nobleza y fondo el de JP, en un trasteo de gran torería, manejando tiempos y distancias, cadenciosos muletazos con gran sabor y enjundia clásica por los dos pitones. Estocada eficaz. Oreja. Yo le hubiera dado dos. Puerta grande.
Roca Rey ha realizado un trasteo esforzado y ligado en el tercero pero no llegó a los tendidos. En el quinto, sacó la fibra, desde el volcánico inicio de faena, con mucho poder técnico y ligazón máxima. Espada entera tras extraño pinchazo. Oreja protestada. Sacó raza el peruano muy medido por el público venteño.
Bruno Aloi, que confirmaba, pechó con el peor lote. Digno en su primero, mal rematado con los aceros, se esforzó en el sexto, que sufrió un accidentado tercio de varas rotas. Correcto el mexicano con pocas opciones de brillar.
Noble y en general colaboradora corrida de Juan Pedro, de desigual pero correcta presentación, sin relieve en varas, descastada y muletera. El cuarto brilló sobre el resto, y el lote de Aloi dejaba estar pero no se podía triunfar.
Juan Pedro y su toro artista salva su primera tarde. Aún queda otra.
Urdiales, como los viejos rockeros, tiene cuerda y afición para seguir tocando en los grandes escenarios.











