Puerta grande de Tomás Rufo en la última corrida de los Sanfermines
Horas después de que en el Congreso de los Diputados Ione Belarra (Podemos) soltara que “la tauromaquia está en la uci”, la plaza de toros de Pamplona volvía a llenarse, 20.000 personas, como en las siete tardes anteriores. Algo que, por solo citar las más importantes, también ocurrió en La Maestranza sevillana en abril o en Las Ventas durante un mes por San Isidro.
Sostiene Belarra que el toreo sobrevive gracias al dinero público, obviando todo lo que genera. Y en Pamplona los beneficios van a la inmensa labor asistencial de la Casa de Misericordia.
Hecho el preámbulo, en la tarde que desembocaría llegados a la medianoche en el canto del ” pobre de mí”, y con el España- Francia aguardando entre una cosa y otra (banderas españolas en sombra, ikurriñas y pancartas en sol) Roca Rey volvía a hacer el paseíllo tras su puerta grande del pasado jueves, acartelado con Juan Ortega y Tomás Rufo, con reses de Jandilla-Vegahermosa.
Abrió plaza Juan Ortega dejando un ramillete de acompasadas verónicas al toro con la divisa de Vegahermosa, que era una estampa pero no hizo buena pelea en varas.
Torería y garbo en el inicio de faena y redondos llevando con temple y mano baja las embestidas, que no eran la alegría de la huerta precisamente, aunque mejoraron en el toreo al natural. No dio para más la cosa, la estocada se fue a los bajos pero al concejal presidente le dio por sacar su pañuelo ante una petición de oreja que , además, no sumaba quorum. Las cosas del Palco pamplonica, convertido en una tómbola tarde tras tarde.
También de Vegahermosa el primero de Roca y “El Rey” como banda sonora. Variado el recibo capotero ya con La chica yeyé a todo trapo y poco castigo a su paso por el picador. Ajustadísimas las gaoneras del quite, réplica al de Rufo por el mismo palo.
De rodillas en las rayas del tercio, junto a la montera que ceremoniosa y extrañamente y sin brindis previo dejó sobre la arena. Ya de pie derechazos mandones pero el toro no conjugaba el verbo transmitir, tampoco cuando el peruano cambió de mano y pitón, por lo que la faena no prosperó. Lo mejor, la estocada, marcando los tiempos y en lo alto, lo que animó al gentío a pedir la oreja y de nuevo premio en la tómbola.
Con dos faroles de rodillas saludó Tomás Rufo al tercero, este con el hierro de Jandilla, como luego quinto y sexto al que Juan Ortega hizo un precioso quite a la verónica rematado con una media de primor.
Toro cono motor y Rufo aprovechándolo en el inicio de faena, de rodillas y en los medios. Una máquina de embestir el Jandilla aprovechado por el diestro toledano en series por los dos pitones de trazo largo, recibidas con entusiasmo en los tendidos de sombra ( el sol, a la suya).
Estoconazo y dos orejas. El toro, que apenas dejaron verlo en el caballo, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre por su brava condición en el último tercio.
Templado el capote de Ortega en el recibo al ” toro de la merienda”, el de los silencios en los tendidos.
Suaves doblones como inicio muleta en mano y con ella en la diestra armoniosos redondos, mientras al natural el toro respondió peor. Semi genuflexo el toreo muleta a la espalda, efectiva la estocada pero insuficiente el conjunto para la oreja, debió pensar el del palco y dejó al trianero sin puerta grande. Un torazo el quinto, dentro de una corrida de irreprochable presentación.
Primeros tercios sin historia y al público el brindis de Roca Rey.
Todo lo que tenía el toro por fuera le faltaba por dentro y Roca, asentado y mandón, lo pasó a derecha e izquierda mientras ¡oh cielos! los del sol entonaban villancicos. Esta vez no funcionó la espada a la primera y se esfumó la opción de acompañar a Rufo en la puerta grande.
Con esta asegurada y más de uno mirando el reloj para llegar al fútbol, ya fuera en las televisiones de los bares entre la multitud o en la tranquilidad – nervios aparte – del hogar, Rufo toreó a la verónica al sexto, que metía bien la cara.
Inicio de faena a pies juntos y firmeza y templanza en las series de redondos, y gran fijeza del toro. También en los naturales, muy relajado el torero, antes de ponerse de rodillas.
Estoconazo, toro rodado y otras dos orejas. Cuatro en total, que se dice pronto.











