No fue un accidente laboral: fue morir sirviendo a España (Videocomentario de Joaquín Abad)
Hay palabras que hieren más que un silencio. Hay frases que, pronunciadas desde la comodidad de un plató, caen como una piedra sobre familias que todavía están velando a sus muertos.
María Jesús Montero ha dicho que siente el “accidente laboral” de los dos guardias civiles fallecidos mientras perseguían a una narcolancha. Accidente laboral. Como si Germán y Jerónimo hubieran perdido la vida en una estadística más. Como si aquello hubiera sido un percance administrativo. Como si la muerte de dos servidores públicos en una operación contra el narcotráfico pudiera despacharse con una expresión fría, burocrática, casi de formulario.
Al rebajar el asesinato de agentes de la Guardia Civil a la categoría de “accidente laboral”, lo que transmitió la candidata socialista fue una alarmante desconexión con la gravedad de los hechos. Un guardia civil no murió porque una máquina fallara en una fábrica. No perdió la vida por una caída fortuita o una negligencia industrial. Fue asesinado. Y la diferencia importa, porque el lenguaje institucional marca el tono moral de un país. Si la que ha sido hasta hace pocas semanas número 2 del gobierno de Sánchez no es capaz de llamar asesinato a un asesinato, ¿qué mensaje envía a quienes arriesgan su vida cada día para defender la ley? ¿Qué confianza puede tener un agente en unos dirigentes que parecen más preocupados por controlar el relato político que por honrar a sus servidores públicos?
Es propio de la izquierda relativizar los ataques contra las fuerzas de seguridad mientras se multiplica la retórica grandilocuente para otros asuntos menos dramáticos. Esa doble vara de medir alimenta la sensación de que ciertos responsables progresistas viven encerrados en una burbuja ideológica impermeable al dolor real.
Resulta especialmente doloroso porque la Guardia Civil no es una abstracción. Son hombres y mujeres que trabajan en carreteras, costas, pueblos y ciudades enfrentándose al narcotráfico, al crimen organizado y a situaciones de enorme riesgo. Hablar de sus asesinatos como “accidentes laborales” rebaja el sacrificio de quienes sostienen la seguridad pública.












De esta hortera boca chancla, ya nada me sorprende. Lo que es muy grave es que basura como esta tuviera un cargo del Gobierno, ¿hasta donde nos pueden llevar?