¿Solo Trump hace locuras?
A Trump no se le frena con un postureo. Cada vez que Donald Trump amenaza con romper consensos, dinamitar alianzas o tratar a Europa como un peón prescindible, en España aparece el mismo efecto infantil y ridículo,
Nuestro Caudillo Sánchez, para contentar a la «tontuna» que tiene alrededor, no se le ocurre más que decirle a su ministro de exteriores «José Manuel Albares», que vamos a echarle valor — no los dejamos usar la bases — «que se vayan los americanos; así ganamos el relato.
Suena valiente, pero es una estupidez y además puro humo ridículo. Entre ayer y hoy, han salido dos destructores de Rota, armados hasta las trancas; haremos que no los hemos visto. Diremos que han ido a comprar chocolate ahí enfrente.
La política internacional no funciona a base de enfados ni de gestos simbólicos. Y prometer medidas que no puedes ejecutar no es firmeza, es una debilidad manifiesta.
España no le “presta” unas instalaciones a Estados Unidos por cortesía. Existe un Convenio bilateral de Defensa firmado en 1988 y renovado varias veces, integrado además en el marco estratégico de la OTAN. Son compromisos jurídicos, militares y logísticos de primer orden. No se cancelan con una rueda de prensa.
En la Base Naval de Rota hay desplegados cuatro destructores Aegis del escudo antimisiles, (ahora solo dos) pieza clave de la defensa europea. Allí operan miles de militares estadounidenses y cientos de trabajadores españoles. Es uno de los principales puntos estratégicos navales de EE. UU. en el Atlántico y el Mediterráneo.
En la Base Aérea de Morón se mantiene una fuerza de respuesta rápida de marines para crisis en África y Oriente Medio. Hablamos de una infraestructura crítica para operaciones de evacuación y de acciones antiterroristas.
¿ De verdad alguien cree que Washington renunciaría a eso porque un ministro español “suelte una chulería» ?
Si Estados Unidos decide utilizarlas en el marco de los acuerdos vigentes, como lo ha hecho ayer y hoy, lo hará. Y si España intentara impedirlo por las bravas, el resultado no sería una foto heroica: sería una crisis humana y diplomática sin precedentes, con nuestro principal socio de defensa, tensiones dentro de la OTAN y un agujero económico en comarcas que dependen de esas bases, en el resto de nuestro País, y añado el pánico que debe darnos, que se le ocurra al «loco» llevarse las bases a Marruecos.
¿Os imagináis las consecuencias?
Ese es el problema del «relato». Convierte la política exterior en teatro. Mucho titular, cero capacidad real.
Y eso, paradójicamente, es hacerle el juego a Trump.
Porque Trump vive del espectáculo, de la sobreactuación y de forzar al adversario a reaccionar con el mismo histrionismo. Si caemos en esa trampa — se la dejamos botando —.
No digo que la alternativa sea la sumisión, sino la estrategia: reforzar la defensa europea, coordinar posiciones con Unión Europea, diversificar dependencias militares, renegociar condiciones cuando toque y, sobre todo, hablar el lenguaje que realmente entiende la geopolítica: poder, tratados y hechos. Trump va a durar «un rato» y una actuación estúpida de estos «puteros» nos puede dejar secuelas destructivas.
A todo esto, el «loco» nos ha quitado del medio a dos dictadores tremendos, en dos ratos; mientras todo los políticamente correctos, llevan décadas «condenándolos» pero muy paraditos — vamos, sin hacer absolutamente nada — mientras han pisoteado en nuestras narices todos los derechos humanos, sobre todo, los de las mujeres y los homosexuales.
Se le derrota siendo más inteligente… ¡MAS QUE TONTOS!











