Sánchez con el Papa para evitar el control del Congreso
No se recuerda en la política nacional que haya existido un nivel de degradación ética y política como al que se ha llegado actualmente con el sanchismo. Promovido por una coalición «plurinacional y progresista» instalada en el Gobierno, sin capacidad ninguna de gobernar. Esa degradación ética, institucional y democrática ha llegado a ser incompatible con lo que se considera una democracia parlamentaria occidental y de manera destacada en la UE. Es patético que, además, esta situación la promuevan quienes protagonizaron la única moción de censura exitosa con la Constitución, promovida para «acabar con la corrupción y salvaguardar la calidad democrática española».
Afirma el refranero que «una imagen vale más que mil palabras» y basta ver que el portavoz socialista defensor de la misma desde la tribuna del Congreso fue José Luis Ábalos. Y su intervención causa «vergüenza ajena»; que debe ampliarse como «cooperadores necesarios» y corresponsables a todas las formaciones y grupos parlamentarios que desde entonces mantienen a Sánchez en el Gobierno. Es una conducta farisaica la de afirmar que sería «irresponsable que siguiera más allá de 2026 con una agenda descontrolada y judicializada», mientras se niega totalmente la posibilidad de apoyar una moción de censura para hacerlo posible. Conducta que a su vez es imitación de la que desde hace un tiempo aplican los secesionistas catalanes de Junts.
La alternativa es que le exijan que se someta a una «cuestión de confianza». Otros socios y aliados del sanchismo, como Bildu y ERC, al menos no ocultan ni aparentan querer alejarse de él, «limitándose» a seguir exigiendo concesiones políticas para mantener su apoyo. En cuanto a Sumar, los «plurinacionales comunistas» todavía son más rotundos en su voluntad de mantener sus cinco carteras ministeriales incondicionalmente, ya que saben que no volverán a tener ese premio en muchos años. Hasta Felipe González se ha sumado al clamor que exige la convocatoria de elecciones ante un ejecutivo sin mayoría, sin Presupuestos, «con una agenda descontrolada y una agenda judicializada».
Hoy, con sesión de Control en el Congreso, Sánchez se encuentra en Roma para estar con León XIV, la excusa preparada para ausentarse de la obligación parlamentaria de dar la cara y explicaciones ante la insostenible situación actual. Lo llamativo es que en este caso su habitual agenda internacional utilizada para alejarse de la nacional la protagonice nada menos que con el Papa. Hasta es posible que pretenda utilizar su visita a España como un presunto apoyo a sus políticas, sabiendo que tiene previsto incluso asistir a la Misa solemne que celebrará en Barcelona en la Sagrada Familia. «Arrepentidos (no fariseos), los quiere el Señor». Y repetimos: Que le exijan someterse a una «cuestión de confianza».











