Un tren dio la victoria a José Luis Rodríguez Zapatero, otro tren se la quita a Pedro Sánchez (Videocomentario de Joaquín Abad)
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En marzo de 2004 las encuestas apuntaban a una victoria del Partido Popular. José María Aznar había cumplido su compromiso de no presentarse a una tercera legislatura y Mariano Rajoy era el candidato natural. Los sondeos previos al 11-M daban al PP una ventaja, o al menos una posición de favorito, que le permitía aspirar a gobernar sin necesidad de pactos incómodos. Tres días antes de las elecciones, una cadena de explosiones en trenes de cercanías de Madrid —Atocha, El Pozo, Santa Eugenia y Téllez— cambió el sentido del voto de un día para otro. El PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero ganó.
El PP sufrió el acoso de las calles tras el 11-M, alimentado por consignas falsas. Hoy, tras 69 muertos en Urda (Toledo) y los 46 de Adamuz (Córdoba), la izquierda parece haberse quedado sin pancartas, sin escraches y, sobre todo, sin indignación. Vías con sistemas de seguridad obsoletos y ADIF bajo una dirección cuya cualificación técnica está en cuestión. Qué curioso: cuando gobierna la derecha, la calle exige dimisiones; cuando gobiernan ellos, el silencio se convierte en prudencia. Dos varas de medir, una hipocresía política difícil de disimular.
Los primeros sondeos publicados tras el accidente, sobre todo aquellos que recogen un trabajo de campo posterior al suceso, empiezan a aportar datos muy interesantes al respecto. La encuesta de Target Point constata una caída del PSOE de cuatro décimas hasta el 25,5%, que puede no parecer mucho, pero que deja a los de Pedro Sánchez nada más y nada menos que en el mínimo de la legislatura, mientras que Sociométrica sitúa también a los socialistas en registros mínimos, frenando las opciones del Ejecutivo y mostrando un desgaste continuo.
Pero probablemente el estudio demoscópico más significativo tras lo ocurrido es el publicado por Sigma Dos, elaborado los días 29 y 30. Sus datos revelan que el Partido Popular detiene su tendencia a la baja y sube cinco décimas, mientras que el PSOE sufre un desplome de punto y medio que lo arrastra hasta el 24,6% de los sufragios, lo que también es el punto más bajo de toda la legislatura, una auténtica debacle que deja a los de Pedro Sánchez en una situación crítica.
Este escenario plantea una enorme dificultad para que Moncloa pueda trazar una estrategia de campaña de aquí en adelante, el problema que tienen es mayúsculo porque la tragedia ha hecho imposible mantener el relato optimista que venían desarrollando y las banalidades sobre el amor o los besos en las que estaban basando todos sus mensajes.










