Lula da Silva da la sorpresa y volverá a ser presidente de Brasil por cuarta vez tras una elecciones que Flávio Bolsonaro no reconoce
Una vez más, las encuestas en Brasil han fallado. El candidato progresista y actual mandatario de Brasil, Lula da Silva, será presidente por cuarta vez tras ganar con el 51,78% de los votos frente al 48,22% del ultraderechista Flavio Bolsonaro. Más de 158 millones de electores debían decidir entre dos candidatos completamente antagónicos en una campaña marcada por la polarización. Aunque todo parecía indicar que el bolsonarismo iba a regresar al poder en una región que está virando a la derecha, finalmente Lula, a los 81 años, ha desafiado a las dinámicas de América Latina y la principal potencia económica del continente seguirá pintada de rojo.
Tras conocer el resultado, Lula reivindicó el papel de la ciudadanía y presentó su victoria como un respaldo a la democracia y a las instituciones, más allá de su propia candidatura. La dureza de la campaña también estuvo presente en sus palabras, que se notaban cansadas de las semanas de campaña. Lula aseguró que nunca se había enfrentado a una contienda de semejantes características y dirigió duras críticas a su adversario, al que acusó de recurrir sistemáticamente a la mentira. “Jamás pensé que iba a encontrarme con un representante de los paramilitares de este país. Jamás imaginé que una persona pudiera mentir tanto y de forma tan descarada, como si no hubiera una célula de humanidad”, declaró.
El mandatario evocó además la concentración de sus seguidores en la avenida Paulista, en São Paulo, celebrada el sábado, y reconoció que el apoyo recibido le había emocionado. Para Lula, aquella movilización simbolizaba la voluntad de Brasil de defender su autonomía frente a las presiones externas: “Una demostración de que Brasil no acepta ser el patio trasero de nadie”.
En su intervención, el presidente también dedicó parte de su discurso al poder de las grandes plataformas tecnológicas y a su influencia en la esfera pública. Acusó a estas empresas de actuar sin suficiente control y defendió que las normas que rigen el mundo físico también deben aplicarse al entorno digital. “No puede ser que no tengamos la conciencia de que el crimen en el mundo digital debe ser tratado como un crimen de la vida real”, advirtió. Lula cuestionó asimismo los beneficios que obtienen estas compañías sin una contribución fiscal proporcional en Brasil y denunció sus intentos de influir en la contienda electoral.
Pese a la victoria, reconoció que el resultado le obliga a representar a todos los brasileños, también a quienes optaron por su rival. “Ahora debo gobernar para 215 millones de brasileños”, afirmó, consciente de que tendrá que buscar acuerdos en un Congreso de mayoría conservadora para sacar adelante su programa.
La reacción del entorno de Flávio Bolsonaro fue muy distinta. El candidato ultraderechista convirtió los problemas registrados durante la jornada electoral en el argumento para cuestionar la legitimidad del proceso. La ampliación del horario de votación en dos horas, decidida tras las incidencias en el transporte público y las dificultades causadas por las lluvias, centró sus críticas. Bolsonaro atribuyó la medida a una supuesta maniobra entre jueces cercanos a Lula y el propio presidente. En una comparecencia breve, anunció que pediría la anulación de los comicios y sostuvo que las circunstancias de la votación le impedían conocer cuántos apoyos habría obtenido sin esas modificaciones. “Es imposible reconocer los resultados de las elecciones en el contexto en el que sucedieron. Vamos a pedir la anulación”, aseguró en un discurso que apenas duró unos minutos.
Los candidatos solicitan una prórroga
La votación fue prorrogada dos horas después de que un juez de la Corte Suprema ampliara el horario de apertura de los colegios electorales hasta las 19.00 hora local (22.00 GMT). La decisión se tomó cuando ya habían comenzado a conocerse los primeros datos del escrutinio y añadió confusión a una jornada marcada por las incidencias en el transporte público y las dificultades provocadas por la lluvia.
La ampliación se produjo después de que tanto Lula como Flavio Bolsonaro solicitaran una prórroga, aunque por motivos distintos. La campaña del Partido de los Trabajadores (PT) reclamó que se aplicara en todo el país por las incidencias registradas en el transporte de votantes en varios estados, mientras que Bolsonaro pidió limitarla a algunas regiones afectadas por las lluvias, que habían dificultado la movilidad.
Uno de los principales focos de conflicto surgió a media mañana, cuando varios votantes denunciaron que los autobuses de Salvador, capital de Bahía, circulaban con menor frecuencia de la habitual. El Tribunal Regional Electoral ordenó restablecer toda la flota, con frecuencias de día laborable y transporte gratuito. Además, dictó una orden de detención contra el secretario municipal de Movilidad, Pablo Souza, tras una denuncia del Partido de los Trabajadores (PT), que también solicitó el arresto del alcalde, Bruno Reis, aliado de Flavio Bolsonaro.
Problemas de transporte
Poco después, se produjo una situación similar en Sao Paulo. La campaña de Lula denunció que los autobuses circulaban con solo el 60 % de la flota, pese a que una resolución judicial exigía mantener todos los vehículos operativos. El incidente era especialmente relevante para el candidato izquierdista, que durante la campaña había insistido en la necesidad de movilizar a los electores que se abstuvieron en la primera vuelta.
El presidente brasileño acudió a votar alrededor de las 09:20 horas en un colegio electoral de Sao Bernardo do Campo, municipio del área metropolitana de Sao Paulo. Tras ejercer su derecho, reivindicó las movilizaciones que han respaldado su candidatura y aseguró que los brasileños han salido a la calle para defender los avances de su mandato y «clamar por la democracia». También presentó los comicios como una elección entre quienes defienden los símbolos nacionales y quienes pretenden gobernar bajo la bandera de Estados Unidos.
Antes de votar, el presidente agradeció las muestras de afecto recibidas durante la campaña y afirmó que nunca había presenciado una movilización semejante en sus décadas de trayectoria política. Desde 1989, recordó, ha participado en todas las campañas electorales, pero no había visto concentraciones como las de los últimos días. También arremetió contra su rival, al que acusó de mentir reiteradamente, y expresó su confianza en que los brasileños no lo elegirían. «Jamás imaginé que iba a disputar una elección con alguien sin moral, que miente, se lo educó para mentir. Sé que los brasileños no van a votar a un parapolicial», afirmó.
Un poco más madrugador fue Flavio Bolsonaro, que apenas 20 minutos después de abrir los colegios ya había emitido su voto. El senador centró su mensaje en la inseguridad y las dificultades económicas, dos de los principales ejes de su campaña, y llamó a los brasileños a acudir a las urnas para impulsar un cambio político. A su juicio, la situación del país ha empeorado en los últimos cuatro años y no puede continuar por el mismo camino. El candidato del Partido Liberal calificó la campaña de segunda vuelta de limpia y positiva.










