La izquierda y la violencia callejera
Francisco Marhuenda.- Es indudable que hay un sector de la izquierda que aplaude la violencia, los escraches y el frentismo. Es cierto, también, que los que defienden estas tres cosas a la vez son, afortunadamente, una pequeña minoría. A Sánchez le podemos responsabilizar, sin ningún atisbo de duda, de la crispación y el frentismo que se ha instalado en la sociedad española. Una vez más, no es una opinión, sino que es algo que se puede contrastar en esta abrupta e inútil legislatura. La estrategia diseñada por La Moncloa se ha sustentado en el frentismo, el populismo y la radicalización.
Desde hace semanas estamos viendo cómo el estado de agitación en la izquierda radical se canaliza contra el PP y Vox. No es nada que nos tenga que sorprender, porque es algo habitual desde hace mucho tiempo. Es cierto que la izquierda mediática aprovecha cualquier incidente aislado para criticar a la derecha, como si fuera una horda de violentos. En cambio, olvidan la violencia que ha existido en Barcelona desde hace mucho tiempo alrededor de una parte, insisto, en el término una parte, del movimiento okupa.
Los graves incidentes que se han vivido este sábado no son algo aislado o consecuencia de una reivindicación política, sino que lo hemos vivido en numerosas ocasiones, como se puede comprobar acudiendo a la hemeroteca. A Sánchez le va muy bien el lío, cuanto más lío mejor. Su estrategia se basa precisamente en fomentar el enfrentamiento y no hay duda de que está jugando con fuego como dijo Feijóo. La descalificación del adversario y los insultos son algo habitual del sanchismo. No hay más que ver los disparates que dedica Óscar Puente a todo aquel que le cae mal. Nunca se había organizado desde el Poder unas cloacas destinadas a destruir a jueces, fiscales, policías, guardias civiles, periodistas y empresarios.
No es tampoco ninguna exageración decir que Sánchez actúa como una autócrata dentro de un sistema democrático y que la repetición del Gobierno socialista comunista amenaza al sistema constitucional. No hay más que remitirse a los hechos. Un análisis del asalto al Poder y las instituciones que hemos vivido a lo largo de esta legislatura muestra que la agenda de Sánchez ha sido y es muy peligrosa para el Estado de Derecho.










