Pedro Sánchez impide el desplazamiento del Rey a Ceuta (Videocomentario de Joaquín Abad)
Pedro Sánchez ha ordenado a la ministra de Defensa, Margarita Robles, que no facilite al Rey ningún avión, helicóptero o medio militar para desplazarse hasta Ceuta.
Los aviones y los helicópteros del Ministerio de Defensa no pertenecen a Pedro Sánchez. Tampoco pertenecen a Margarita Robles. Son medios del Estado, pagados por todos los españoles y destinados a servir a España.
Impedir que el jefe del Estado los utilice para viajar a una ciudad española, precisamente cuando su presencia sería más necesaria, no es una decisión técnica ni una simple cuestión de agenda. Es una operación política para dejar al Rey en tierra.
Pedro Sánchez aterrizó recientemente en Ceuta entre gritos de “dimisión”, “fuera” y protestas de ciudadanos indignados. La Policía tuvo que establecer un amplio cordón de seguridad para impedir que la gente se acercara.
El presidente habló desde la distancia, rodeado de agentes y protegido detrás de un perímetro policial.
Esa fue la imagen del jefe del Gobierno en una ciudad española que se siente abandonada: un presidente que solamente puede moverse cuando la Policía lo separa del pueblo.
Felipe VI lleva doce años de reinado sin realizar una visita oficial a Ceuta. La última vez que unos Reyes de España visitaron oficialmente la ciudad fue en 2007, cuando Juan Carlos y Sofía fueron recibidos por miles de personas en las calles.
El Rey puede viajar a cualquier lugar del mundo. Puede asistir a actos internacionales, visitar unidades militares, reunirse con otros jefes de Estado y desplazarse a territorios situados a miles de kilómetros, pero cuando aparece el nombre de Ceuta o de Melilla, la Moncloa se niega con la excusa de no provocar a Marruecos.
Sánchez no quiere que el Rey vaya a Ceuta, no porque teme la reacción de Mohamed VI, sino porque teme que los propios ceutíes lo reciban entre aplausos y pueda acercarse a la población sin ese cordón de seguridad que utiliza el presidente en todas sus visitas, donde queda claro que no le quieren.
Pedro Sánchez conoce perfectamente la diferencia entre el recibimiento que tendría él y el recibimiento que probablemente tendría Felipe VI. Ya lo vimos después de la DANA, en Paiporta.
Los Reyes permanecieron entre el barro, los gritos, la desesperación y la rabia de los vecinos. Felipe y Letizia escucharon a la gente, soportaron los insultos y dieron la cara.
Pedro Sánchez, en cambio, fue retirado por sus escoltas y desapareció de la escena con cara de pánico, huyendo como una rata.
Y Sánchez sabe que en Ceuta podría repetirse el contraste.
Sabe que el Rey posiblemente no necesitaría un cordón policial para caminar por la ciudad. Sabe que miles de ceutíes podrían salir con banderas de España para recibirlo. Sabe que, mientras él escucha gritos de dimisión, Felipe VI podría escuchar aplausos. Y sabe que una fotografía del Rey caminando por Ceuta tendría más fuerza que cien comunicados escritos desde un despacho.
La presencia del Rey significaría que España no pide permiso a Marruecos para ejercer su soberanía. Significaría que los ceutíes no son ciudadanos de segunda categoría. Significaría que la Corona se encuentra allí donde la unidad y la integridad territorial de España están siendo cuestionadas. Eso es precisamente lo que incomoda a la Moncloa.
Un Rey recibido por el pueblo frente a un presidente protegido del pueblo. Un jefe del Estado caminando entre los ciudadanos frente a un jefe del Gobierno escondido detrás de un cordón policial.











