Napoleón Bonaparte, estratega militar: “El coraje no consiste en tener la fuerza para continuar, sino en continuar cuando uno no tiene fuerzas”
Napoleón Bonaparte (1769–1821) fue uno de los estrategas militares y líderes políticos más influyentes de la historia occidental. Pasó de ser un joven oficial de artillería nacido en Córcega a convertirse en Emperador de los franceses y dominar casi toda la Europa continental a principios del siglo XIX.
El apogeo militar de Napoleón
En 1804 se autoproclamó Emperador de los franceses en la catedral de Notre Dame y promulgó el Código Civil -conocido como Código Napoleónico-, asentando bases jurídicas modernas como la igualdad ante la ley y la libertad religiosa. De 1805 a 1811 derrotó a las grandes potencias europeas en batallas históricas como Austerlitz (1805). Así extendió el Imperio Francés colocando a sus familiares en los tronos de varios reinos europeos, como a su hermano José Bonaparte en España.
Pero el auge de su imperio no duraría mucho y sería la Campaña de Rusia (1812) uno de los eventos especialmente duros para Napoleón y su armada en el que, no obstante, demostraron su capacidad de resiliencia y de aguantar frente a las adversidades. Aunque finalmente la contienda se saldó con una baja de 500.000 soldados franceses y desencadenó su primer exilio en Elba.
La invasión de Rusia (1812): La marcha de la supervivencia
Tras encontrar Moscú quemada y desierta, el ejército napoleónico tuvo que emprender una retirada a pie bajo temperaturas de hasta –30 °C. Sin alimentos, con los caballos congelados -lo que obligó a abandonar la artillería- y acosados por los cosacos, la Grande Armée estaba física y moralmente aniquilada.
Así, en noviembre de 1812, acorralados contra un río helado y rodeados por tres ejércitos rusos, la situación era humanamente insostenible. Napoleón, mostrando una determinación absoluta cuando todo estaba perdido, organizó la construcción de puentes improvisados.
El cruce del Berézina
Y es que, para salvar a su ejército durante la retirada de Rusia en noviembre de 1812, Napoleón ordenó construir dos puentes de caballetes sobre el helado río Berézina, liderados por el general Jean-Baptiste Éblé y sus pontoneros. Fueron ellos quienes trabajaron en el agua helada hasta morir de hipotermia para permitir que los restos de su ejército cruzaran. Fue un acto de pura fuerza de voluntad frente al colapso total.
Se dice que tan solo sobrevivieron 22.000 soldados franceses tras el cruce del río Berézina, la catástrofe final de la campaña francesa de Rusia. Pero al menos lucharon por las vidas que pudieron salvar con esta peculiar estrategia. No sería hasta el 14 de diciembre de 1812 que la Grand Armée pudo salir del territorio ruso finalmente.











