La ganadería Condessa de Sobral conquista La Línea
Manuel Recio Abad.– Hay tardes en las que el protagonista no viste de luces. Hay tardes en las que el triunfo pertenece al toro. La novillada celebrada en la Plaza de Toros de La Línea de la Concepción fue una de ellas. Los hermanos Manuel, Carlos y Miguel Ángel Vázquez Gavira, actuales titulares de la ganadería portuguesa Condessa de Sobral, presentaron un encierro de extraordinaria dignidad, variado de capas, serio de presentación y, sobre todo, de excelente juego. Ocho novillos nobles, con movilidad y calidad en sus embestidas que permitieron disfrutar de una auténtica tarde de toros.
No todos ofrecieron las mismas prestaciones, pero ninguno defraudó. La sensación general fue la de asistir a una novillada para aficionados, cuidadosamente seleccionada, con ejemplares que exigían colocación, temple y conocimiento de los terrenos. Justo lo que necesita un novillero para crecer.
Abrió plaza “Carnerito”, un negro cuya lidia correspondía a Juan Cortés. Lo recibió con templadas verónicas antes de que un puyazo excesivamente severo condicionara parte de sus facultades. Bien banderilleado, el novillo llegó a la muleta conservando nobleza. Cortés dejó buenos doblones por bajo, una magnífica trinchera y un ayudado de excelente factura, pero toreó con excesiva prevención. Nunca terminó de cruzarse ni de mandar sobre una embestida que pedía mayor compromiso. Algún buen derechazo surgió al hilo del pitón, aunque sin el ajuste necesario. La espada, una estocada desprendida y seis intentos de descabello, le cerró la puerta del premio. El público, en cambio, supo reconocer la calidad del novillo con una ovación en el arrastre.
El segundo, “Pastor”, negro mulato, fue recibido con aplausos desde su salida. Correspondió a Andrés García, que firmó una de las actuaciones más importantes del festejo. Tras un buen tercio de varas, el novillo acudió con alegría al caballo y permitió una faena construida desde la suavidad. Las primeras tandas de derechazos tuvieron profundidad y temple. Sonó la música mientras el novillero ligaba muletazos de excelente trazo. Pero fue al natural donde alcanzó la mayor dimensión artística, embarcando la embestida con limpieza y mando. Conforme el novillo fue acortando recorrido, Andrés supo interpretar perfectamente sus condiciones. El gran triunfo quedó sepultado bajo los aceros: un pinchazo hondo, una estocada que hizo guardia, dos nuevos pinchazos, un aviso y el descabello dejaron sin trofeos una faena de alto nivel.
El tercero, “Carcelito”, de singular capa melocotón, acusó menor fuerza y menor fijeza. Embestía con la cara alta y tendía a desentenderse tras cada pase. Ignacio Candelas comprendió pronto las limitaciones del novillo y supo adaptar su planteamiento. Sonó El Gato Montes mientras el público premiaba su entrega. Terminó imponiéndose en la corta distancia y dejó unas manoletinas muy ajustadas, rematadas con un gran pase de pecho. La estocada desprendida puso punto final a una labor meritoria.
Con “Mes de Octubre”, cuarto de la tarde, Juan Jesús Rodríguez mostró el concepto más clásico de su toreo. Lo recibió de rodillas antes de dibujar buenas verónicas. En varas dejó dos comportamientos distintos: salió suelto del primer encuentro y empujó metiendo los riñones en el segundo, demostrando su bravura. El inicio de muleta volvió a ser de rodillas y muy pronto quedó patente que el pitón derecho era excepcional. Rodríguez se acopló plenamente al novillo y firmó una magnífica serie de derechazos, templados y ligados. Las manoletinas elevaron aún más el tono de una faena importante. La estocada, trasera pero fulminante, acabó con el novillo, aunque el fallo posterior del puntillero deslució el desenlace.
El quinto, “Malicioso”, de preciosa capa jabonera, derribó al caballo en el primer encuentro y mostró transmisión durante toda la lidia. Juan Cortés volvió a dejar detalles de calidad, pero tampoco consiguió romper definitivamente la faena. Una estocada tendida y cinco descabellos volvieron a convertirse en su principal enemigo.
El sexto, “Altanero”, probablemente el novillo más completo del encierro, permitió contemplar los mejores momentos de la tarde. Andrés García volvió a destacar desde el saludo capotero, rematado con una excelente media verónica. Tras un vistoso quite por delantales inició la faena de rodillas. A partir de ahí apareció el mejor toreo del festejo. Los derechazos tuvieron profundidad y ligazón; los naturales, lentitud y pureza. Sobresalió especialmente su extraordinario sentido de las distancias y la capacidad para llevar siempre muy toreada la embestida. Hubo incluso un natural de inspiración morantista y varios pases de desprecio de enorme sabor. El público disfrutaba mientras el novillero alcanzaba una notable dimensión artística. Una vez más, la espada le negó un triunfo mayor: dos pinchazos, una estocada trasera y tendida, un aviso y el descabello dejaron la recompensa muy por debajo de los méritos.
El séptimo, “Tello”, un precioso ejemplar negro, correspondió a Ignacio Candelas. El pitón izquierdo ofrecía mayores posibilidades que el derecho, de menor recorrido. La faena tuvo momentos estimables al natural, aunque sin terminar de romper definitivamente. En el instante más dramático de la tarde el novillo lo prendió de forma aparatosa. Lejos de arredrarse, Candelas regresó con enorme firmeza a la cara del animal para culminar su obra. Esa entrega encontró justa recompensa con la concesión de las dos orejas.
Cerró plaza “Calentito”, castaño, ojo de perdiz, precioso de lámina, para Juan Jesús Rodríguez. El recibo de rodillas terminó con una fuerte voltereta sin consecuencias. Ya con el traje remendado volvió a ponerse delante del novillo con admirable serenidad. Toreó con gusto por el pitón derecho, procurando llevar siempre la embestida hasta el final del muletazo. Un nuevo revolcón añadió aún más mérito a una actuación presidida por el valor y la firmeza. La estocada rubricó una faena que el público reconoció con fuerza.
La espada privó a varios novilleros de un balance de trofeos mucho más amplio. Sin embargo, las estadísticas no siempre reflejan lo ocurrido en el ruedo. Lo verdaderamente importante fue comprobar que existe una ganadería capaz de criar novillos con emoción, nobleza y clase.
Porque, por encima de nombres propios y de trofeos, el gran triunfador de la tarde fue la ganadería Condesa de Sobral. Los hermanos Manuel, Carlos y Miguel Ángel Vázquez Gavira pueden sentirse legítimamente orgullosos del encierro presentado en La Línea. Ocho novillos que honraron la historia de un hierro legendario y demostraron que la bravura, cuando se selecciona con paciencia, conocimiento y afición, sigue siendo el verdadero fundamento de la Fiesta.
Cuando el toro embiste así, ganan los toreros, gana el público y gana la Tauromaquia.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de Toros de La Línea de la Concepción. Novillada de abono con picadores. Media entrada.
Ocho novillos de Condessa de Sobral, propiedad de hermanos Vázquez Gavira, muy bien presentados, nobles y de excelente juego en su conjunto.
Juan Cortés: palmas y silencio.
Andrés García: vuelta al ruedo tras aviso y vuelta al ruedo tras aviso.
Ignacio Candelas: ovación con saludos y dos orejas.
Juan Jesús Rodríguez: oreja y ovación.
Incidencias: Se tributó un emotivo homenaje al subalterno linense Rafael Pacheco, que se despidió de los ruedos tras una dilatada trayectoria profesional. Juan Jesús Rodríguez sufrió dos aparatosas volteretas sin consecuencias de gravedad e Ignacio Candelas fue prendido por el séptimo novillo, regresando con valentía para culminar su actuación.











