¿Con qué se limpia el culo Sánchez?
Fraguas.- La estulticia es el caldo donde moja el pan la izquierda española. El hecho de que aún convenza es porque la derecha está harta de la misma sopa y no puede echárselo en cara.
Se me abren las carnes —es un decir, porque conociendo los ingredientes no me extraña el sabor— cuando oigo a voceros desintelectualizados y con menos dignidad que un galgo que pierde una liebre coja decir que son progresistas o defienden a una España más progresista y, por ende, a un ejecutivo progresista. Nada menos progresista que la izquierda, que el ejecutivo y que España. ¡Qué triste debe ser vivir en una ficción y creérselo hasta recurrir a la defensa más agresiva!
El progreso solo es posible buscando las condiciones políticas enmarcadas en el proceso civilizatorio natural. El hecho civilizatorio de Occidente tiene unas pautas muy claras y coherentes.
Por la vía natural, la sociedad civil experimenta episodios recurrentes que se vuelven cotidianos y, entonces, el pueblo eleva esa experiencia para convertirla en ley. Ese es el único medio de progreso, siempre fue así y siempre será así, y además no puede ser de otra manera. ¡A tomar por culo la bicicleta! Permítame esta licencia, amado lector, pues el recuerdo de un pub de Villatoya (Albacete) que llevaba este nombre me vino a la cabeza y explica muy bien la rigidez del proceso civilizatorio.
Cuando un gobierno se dedica a legislar, a meter leyes por embudo mediante decretos o soslaya al Parlamento, la sociedad civil queda en la sentina de Nínive y el proceso civilizatorio como papel higiénico para el real culo del soberano de La Moncloa.
En España no hay progresistas. Entre otras cosas, porque la condición de progresista exige la posición de defensa de la sociedad civil y de su libertad, mientras ellos se venden por —desconozco el precio, pero en cualquier caso por la moneda más barata— dejando su dignidad como el agua de esa sentina. Y allí donde no hay dignidad, es imposible que exista libertad.
Ave María Purísima.











