Vizcaya: un magrebí le rompe la clavícula a una abuela e intentó ahogar a su marido por pedirle que baje la música
España asiste a una nueva y sangrienta muestra de la inmigración descontrolada que azota a Europa. Los hechos, que han conmocionado a la capital vizcaína, se desencadenaron el pasado viernes a media tarde en un entorno que debería ser seguro: un ascensor público que conecta la plaza de la Encarnación, en el área de Atxuri, con el barrio de Santutxu.
La pesadilla comenzó cuando un joven magrebí, ya conocido por las fuerzas de seguridad por su historial delictivo y antecedentes por violencia, accedió al ascensor portando un parlante a gran volumen. Ante la lógica petición de la mujer para que moderase el ruido, la respuesta del individuo fue un despliegue de odio y machismo cultural radical, contestando: “Eres mujer, no puedes darme órdenes”.
La agresión, marcada por una física de gran intensidad, se trasladó del interior del ascensor a la vía pública, concretamente a la calle Zabalbide. El atacante no mostró piedad alguna: empujó a la anciana con tal violencia que le provocó una fractura de clavícula al impactar contra el suelo, una lesión grave que requerirá una intervención quirúrgica inminente.
Lejos de detenerse, el agresor se ensañó con el marido, quien intentó defender a su esposa, sometiéndolo a una maniobra de estrangulamiento mientras le presionaba el cuello. Durante el forcejeo, el delincuente llegó a propinarle golpes en el rostro y un mordisco que le causó una herida sangrante en el brazo.
En un acto de absoluta crueldad destinado a garantizar la indefensión de sus víctimas, el sujeto arrebató el teléfono celular a la mujer cuando esta intentaba pedir auxilio y lo lanzó a una zona de descampado.
Fue la oportuna intervención de los vecinos la que permitió alertar a los servicios de emergencia, quienes encontraron a ambos ancianos heridos en el suelo con evidentes signos de violencia antes de trasladarlos de urgencia al hospital de Basurto, donde quedaron internados.
Pese a la gravedad del ataque y a que el individuo es un inmigrante multireincidente que semanas antes ya había protagonizado otra agresión violenta, el sistema judicial —debilitado por años de políticas permisivas— decretó su puesta en libertad provisional con cargos el mismo día de su detención por la Ertzaintza.
Este nuevo episodio de inseguridad ciudadana evidencia el fracaso estrepitoso de un modelo de convivencia impuesto desde el Gobierno de Pedro Sánchez, donde la reincidencia no tiene consecuencias reales y los ciudadanos de bien terminan pagando con su sangre el precio de una ideología que se niega a reconocer el peligro que representa la inmigración ilegal y violenta.











