Elecciones en Andalucía: la hora del naufragio (del PSOE)
Tomás Gómez.- En Andalucía puede ser el lugar del naufragio definitivo de Sánchez y de sus socios de gobierno. Si los resultados son parecidos a los estudios demoscópicos que se han publicado, al PSOE no le quedará más remedio que asumir que solo le queda el camino de las urnas.
Sánchez se va a resistir. En los últimos días, hemos visto como desde Ferraz se daban dos mensajes distintos, el oficial y esperable, en el que Sánchez apoya a quien ha sido uña y carne en la Moncloa e identifican el problema como un electorado desmovilizado al que hay que activar.
En el otro mensaje, el entorno presidencial intoxica a los medios de comunicación subrayando que una cosa es Sánchez y otra bien distinta Montero, cuyo problema es que no es capaz de llevar a las urnas a los que votan al líder socialista.
De hecho, se han lanzado críticas que coinciden con el malestar del PSOE andaluz, sobre todo desde el error de Montero en el debate televisado, calificando la muerte de dos guardias civiles, en un enfrentamiento con narcotraficantes, como «accidente laboral».
En el gobierno la estrategia que se está imponiendo es la de «sálvese quien pueda» ante la perspectiva de un cambio de ciclo inevitable. Sánchez es el que está dispuesto a todo para no abandonar el poder.
Dejará caer a quien ha sido su vicepresidenta, a quien responsabilizará del resultado andaluz, como ya hizo con Pilar Alegría y lo hará de igual manera con Óscar López y Diana Morant, son daños colaterales para él, a los que intentará sacar provecho.
Pero los movimientos están en todas partes. Los hay que aspiran a la sucesión de Sánchez, como Óscar Puente y Félix Bolaños. De momento, Bolaños tiene ventaja en ese duelo porque Puente ha quedado desgastado con las sucesivas crisis ferroviarias y de carreteras. Además, le espera un camino espinoso en las investigaciones sobre el accidente de Adamuz.
Otros, como Fernando Grande-Marlaska, están aguantando en el ministerio por petición expresa de Sánchez, pero ya está diseñando su futuro fuera de la política y tiene una hoja de ruta muy trazada.
Pero no es solo en el PSOE donde se están agrietando las filas. Mónica García está jugando dos cartas de cara a su futuro, por un lado, liderar la candidatura a la presidencia de la Comunidad de Madrid, cuestión que le daría el pase para cuatro años más y, por otro, ha visto una oportunidad en la sucesión a la dirección general de la Organización Mundial de la Salud, que quedará vacante en 2027. De una u otra manera, todos dan por amortizado este periodo.
Desde la Moncloa, en los procesos electorales de Extremadura, Aragón y Castilla y León, se han esforzado en poner el foco en la dificultad del PP para obtener mayoría absoluta y la necesidad de pactar con Vox investiduras y gobiernos.
Conseguían poner toda la presión sobre los candidatos populares y servía para agitar al electorado disidente articulando un discurso nacional que beneficiaba a Sánchez. Sin embargo, en las elecciones de hoy quien se la juega es Montero y el dato de interés es si obtiene el peor resultado del PSOE andaluz en nuestra democracia.
Juanma Moreno ha jugado bien sus cartas, ha hecho la campaña más institucional de todos los candidatos y no ha generado unas expectativas excesivas que puedan enturbiar la victoria electoral si no se ven cumplidas.
Las encuestas le dan el 43% de los votos, los mismos de hace 4 años, pero el capricho de los restos electorales en las circunscripciones y la ley D’Hondt decidirá si revalida la mayoría absoluta o se queda a las puertas. En donde está la prueba de estrés es en el poco más del 22% que pronostican al PSOE de Sánchez y Montero y que podría hacer caer hasta en 3 diputados la representación socialista.
Por mucho que quiera desentenderse del resultado en Andalucía, se trata de un plebiscito sobre él, sobre su gestión al frente del gobierno. Aferrarse al sillón a toda costa, privilegiar a los independentistas catalanes a costa del resto de España, prometer lo uno y hacer lo otro y haberse rodeado de personas de confianza que hoy están en prisión o procesados, es lo que ha dejado sin posibilidades a los socialistas de todas las partes de España.
En el cierre de campaña, Sánchez pedía que votasen a María Jesús Montero los mismos que le votan a él y eso es, exactamente, lo que va a ocurrir.












