Timba del PSOE con Montero: apuestas sobre si acaba en el Senado o en una puerta giratoria
En el PSOE ya casi nadie hace quinielas sobre los escaños de María Jesús Montero. La verdadera partida que se juega ahora en Ferraz es dónde aterriza políticamente la exvicepresidenta cuando pase el 17-M y cómo se administra su “decadencia” sin provocar otro incendio interno en el sanchismo. En las quinielas tienen en cuenta que Pedro Sánchez debe valorar el impacto de su decisión sobre los otros dos ministros candidatos, Óscar López (Madrid) y Diana Morant (Comunidad Valenciana). Ambos están muy pendientes de lo que pasa en Andalucía por dos razones: por la tensión interna que un mal resultado les genere dentro de sus respectivas federaciones (con movimientos pidiendo primarias) y por aquello de que cuando veas las barbas de tu vecino pelar…
La campaña andaluza ha derivado en una especie de timba política donde dirigentes y cuadros socialistas cruzan apuestas privadas sobre el futuro de la candidata. Senado, aparato del PSOE andaluz, puerta giratoria elegante para una dirigente que hace solo dos años aparecía en todas las quinielas sucesorias con las que se entretenían en el partido cuando miraban al lejano día después de la era Sánchez.
En Ferraz está bastante asentada la idea de que el presidente del Gobierno la ha dejado amortizada. No porque vaya a ejecutarla públicamente ni porque deje de protegerla a corto plazo, sino porque Sánchez “jamás perdona” que alguien deje entrever ambición propia antes de tiempo. Y muchos dirigentes socialistas creen que Montero enseñó demasiado pronto “el plumero” cuando Sánchez amagó con dejar el Gobierno al abrirse la investigación judicial a su esposa Begoña Gómez. “En el sanchismo se puede tener poder delegado, pero no se puede transmitir la sensación de que se aspira a construir un poder alternativo”, sentencian.
En esta timba socialista, el Senado aparece como la casilla con más apuestas y menor valor de salida. Sería la fórmula clásica del PSOE, también la usa el PP, para proteger a una dirigente desgastada, pero a la que hay que mantener contenta por la información que maneja y los servicios prestados, aunque allí tendría que enfrentarse por el control del grupo con la expresidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz. De momento, Montero mantiene el escaño en el Congreso por sueldo institucional, aforamiento, visibilidad pública y participación en la estructura orgánica. En Ferraz algunos incluso ironizan ya con que Montero podría acabar convertida en “baronesa del Senado” después de haber soñado con ser heredera de La Moncloa.
Sea cual sea el alcance del resultado electoral, ella aspira a mantener el control del PSOE andaluz (para el presidente del Gobierno). Sánchez necesita una federación absolutamente fidelizada y abrir ahora una guerra sucesoria en Andalucía podría convertirse en otro problema añadido para un partido que ya vive demasiadas tensiones territoriales. Montero también quiere mantener su cuota de poder en Ferraz,
Ahora bien, en la rueda política también se mueve otra apuesta cada vez más comentada en Madrid: la puerta giratoria premium. No necesariamente una gran eléctrica al estilo clásico porque los tiempos han cambiado y ahora el poder se recicla de forma más sofisticada: consultoras; consejos asesores; organismos internacionales; fundaciones; grandes despachos; o estructuras vinculadas al mundo regulatorio y financiero. “Ahí tiene mercado cuando supere el tiempo de incompatibilidad. Hacienda da mucha agenda, mucho conocimiento y muchos contactos”, comentan con ironía en el PSOE andaluz.
En cualquier caso, en sectores socialistas se habla más de “aterrizaje” que de “futuro político” a horas del cierre formal de la campaña. Y la paradoja es muy relevante porque la mujer que durante años ejerció como escudo político de Sánchez, controló el dinero del Estado y marcó el pulso parlamentario del Gobierno puede terminar atrapada en una operación de supervivencia diseñada, precisamente, por el mismo presidente que la elevó a los altares.
Mañana se cierra una campaña que ha terminado convertida en algo muy distinto del diseño realizado en Moncloa. Y de lo que no hay ninguna duda en clave interna es que el 17M ha terminado convertido en una batalla por administrar la caída política de una dirigente que llegó a sentirse imprescindible.
La Razón











