Vito Quiles
Fraguas.- He mamado mil y un artículo y tuits o cómo coño lo escriba el sajón, que no me voy ni a molestar, sobre la actitud, arte y derecho de Vito Quiles y su acción pseudo periodística.
El caso es que un chaval desenfadado hace preguntas, para unos deshubicadas, para otros acertadas, para otros con derechos, para otros sin él.
A pesar de las críticas y de la presión que sufre en cada acto laboral; pues no debemos olvidar que está trabajando, sigue sin bajar la tensión de su particular inquisición. Y que no suene mal, inquisición significa investigación. Y Vito Quiles es eso, un inquisidor de campo.
A cambio, recibe las críticas de los demás periodistas que portan la arrogancia barata de la legitimidad de sus medios comprados, en vez de lo que comúnmente conocen todos los oficios como camaradería profesional. Si las generaciones futuras del periodismo ya nacen con la etiqueta del mercado, mal vamos.
Pero voy a más, a algo que se le escapa a todo el mundo, a la evidencia de que España es un país paleto política y periodísticamente hablando.
Cada vez que un político no responde a Vito en el Parlamento. Cada vez que un “compañero” le roba el tiempo o el turno. Cada vez que es abucheado por ser inquisidor, no lo hacen contra un periodista ni contra un provocador. Lo hacen contra un ciudadano español que hace preguntas a un político.
Hasta donde yo entiendo la política y el sentido común, el derecho de prensa, de expresión y de información no son derechos de profesionales, son derechos individuales imprescriptibles de cada ciudadano de esta mierda de país que han creado desde la intolerancia de la izquierda.
Cuando Patxi López le niega la respuesta a Vito Quiles, no se la niega al intrusismo laboral ni al fascismo, del que el político es más afín; se la niega a un ciudadano de veintipocos, se la niega a usted, amado lector; me la niega a mi. Y como lo que son, fascistas con traje de la URSS, se apropian del discurso del Estado y se esconden de la fiscalización debida del ciudadano.
No hay más, no busque más. Nadie honrado niega una respuesta a nadie. Y menos si ésta es portadora de verdad, la única cualidad retórica que vence al adversario.
Cuando un político calla, esconde algo. Cuando un periodista apoya al callado, recibe algo.
Ave María Purísima.











