Feijoo le da alas a Vox
El problema de fondo para Alberto Núñez Feijóo es de identidad política. Desde su llegada a la dirección del Partido Popular, ha intentado proyectar una imagen de moderación y solvencia institucional, pero esa estrategia se ha ido diluyendo en una sucesión de giros que transmiten inseguridad y dependencia. El resultado es un liderazgo errático, más pendiente de no incomodar a Vox que de definir un proyecto propio reconocible.
La influencia de Vox no se limita a acuerdos parlamentarios puntuales; está condicionando el marco ideológico en el que se mueve el PP. Conceptos como la “prioridad nacional”, que antes se situaban en los márgenes del debate político, han ido ganando centralidad sin que Feijóo marque una línea clara de distancia. En lugar de confrontar esas ideas desde una posición conservadora clásica —basada en instituciones, economía y cohesión—, el PP parece adaptarse a ellas, asumiendo parte del discurso para evitar fugas de votos.
Esta estrategia puede tener réditos a corto plazo, pero erosiona la credibilidad del partido. Un electorado amplio no busca solo firmeza, sino coherencia. Y lo que percibe ahora es un liderazgo que oscila entre la moderación declarada y la dureza impostada, según convenga en cada momento. Esa ambigüedad mantiene al PP muy lejos de la mayoría absoluta.
Feijóo corre el riesgo de quedar atrapado en una paradoja: cuanto más intenta competir con Vox en su terreno, más refuerza a Vox como referente ideológico, mientras debilita la singularidad del PP. La alternativa no pasa por ignorar a ese electorado, sino por ofrecer una propuesta propia, clara y consistente, que no dependa de los marcos ajenos.
Ceder el relato es el primer paso para perder el liderazgo. Y hoy, el Partido Popular parece ir varios pasos por detrás, marcando el ritmo que le imponen otros en lugar de imponer el suyo.










