Deslealtad a la sociedad que os ha acogido
Fraguas.- Cuenta una historia que un reo cristiano pasó años encerrado en las mazmorras de un moro poderoso. El cristiano, de apellido con enjundia castellana, cristiano viejo, sufría a diario el desprecio más visceral de su carcelero.
Los malos modos y el decoro de asco es lo menos que recibía diariamente. Para el cristiano, más que la falta de libertad, le dolía que fuera tratado como una res. Que el mínimo respeto no fuera condición merecida para un caballero español.
Tanto sufría esa herida diaria que había llegado a la conclusión de que solamente lo podía explicar la condición inhumana de la religión de Mahoma.
Un día cualquiera, harto de ese destino cruel, se dirigió a su carcelero y le preguntó por qué tanto odio hacia él. Por qué lo escupía. Por qué le lanzaba la comida con desprecio. Por qué le racionaba tanto el agua. Si había una conciencia en el moro. Si el moro tuviera un corazón normal, estaría en un aprieto que el cristiano apreciaría. Eso le bastaría para ganar una batalla personal que le sabría a deuda pagada por poco que fuere.
La deuda no fue cubierta, de hecho cambió de deudor, cuando el moro le respondió. Le dijo que actuaba así como se actúa con los perros; pues para el moro era un perro al que tenía que custodiar. Y lo consideraba un perro porque en los años que llevaba en cautiverio jamás lo vio rezar.
La contestación fue suficiente para callar al cristiano. De inmediato comprendió que un hombre que reza, es un hombre espiritual y de valores superiores.
Da lo mismo a quien eleves la oración, la oración siempre persigue al bien y delata la bonomía de una persona. Un hombre que no reza es un cuenco vacío.
Un hombre que reza es un hombre que sabe del respeto y de la compostura. Y si no, es que no aplica bien ese sentido.
En España, hoy en día, hay una masificación importante de ciudadanos de otra religión de más allá del Mediterraneo. Generalmente son entregados a la oración y eso conforta a quien por ley natural teme a lo foráneo.
Por otro lado, existe un debate sobre la imposición del pañuelo en la mujer. Como todo debate político es artificial. Una mujer tiene derecho a llevar lo que le pida su religión o el sentido de la estética.
Si es algo impuesto o no, es algo que se debe medir en la familia. Sólo la evidencia de la imposición debe llevar ese debate a las altas esferas públicas.
Si desarrollamos más el tema y ampliamos la observación, es más clamoroso la cantidad de ciudadano acogidos en la piel de toro que se reunen en parques y plazas con chilaba y trazas propias de sus paises de origen. Y eso roza el insulto. No saque aún conclusiones prejuiciosas, amado lector.
Si alguien viene de allende del mar de vacaciones, no veo la necesidad de que cambie su forma de vestir. Es un desahogo económico no reservar esa partida y disfrutar más de las bonanzas de España; pero si has decidido forjar una vida en un país de acogida, el respeto es el mandamiento que debe obigarte moralmente a integrarte culturalmente y a las normas sociales y cotidianas de quien te acogió. Ver mareas de inmigrantes a modo de gueto, a la costumbre de la chilaba, se me antoja un desprecio por la cultura occidental.
Entendería que fueran en chilaba a la mezquita, como mandan sus cánones; pero hasta ahí. Lo demás es decir a los españoles “Mirad, no me cambiáis, desprecio vuestra cultura”
Hay miles de jovencitas que llevan pañuelos sobre su cabeza; pero que visten de vaquero y camisa. Eso es la costumbre bien entendida y repartida.
Por qué lo entiendo como un insulto; pues porque no es una costumbre impuesta por la sociedad, sino por un minoría.
Como ejemplo hay varios, le expongo uno. Las rastas jamás fueron norma en nuestra sociedad. Se las consideraba indeseables y propias de personas desaseadas; sin embargo los jóvenes españoles apreciaron su estética y se incorporaron a la normalidad por decisión de una parte de la sociedad española. No veo a ningún español abrazar la estética de la chilaba.
Lo que me sugiere que el uso cotidiano y en grupo de ella supone desprecio y deslealtad a la costumbre occidental.
Si releemos la historia del comienzo de este artículo, la mecánica del español hacia el moro de la chilaba es la misma.
Lleváis años en nuestro solar y no os vemos intención de respeto por lo natural. Por no hablar de lealtad a la sociedad que te ha acogido.
Naturalmente, a pensamientos como este, otros tontos, lo llamarán racismo.
Ave María Purísima.











