Del “musulmán el que no bote” al “ETA, ETA, ETA”
Resulta obligado hacer referencia a lo vivido en el partido de la final de la Copa del Rey de fútbol, celebrado en Sevilla anteanoche entre la Real Sociedad y el Atlético de Madrid. Previamente, y para despejar cualquier duda o inadecuada interpretación al respecto, es de justicia destacar el emocionante partido que tras la prórroga decidió la victoria del equipo donostiarra en la tanda de penaltis, obteniendo brillantemente su 4º victoria en el torneo Copero, y merecedor de una sincera felicitación. Pero el comentario no hace referencia a una cuestión estrictamente futbolística, sino a lo sucedido en el Estadio antes de comenzar el partido. Y de especial manera por el llamativo contraste entre el tratamiento dado a lo visto en este encuentro respecto al dado a lo sucedido durante otro reciente encuentro internacional también futbolístico. Que fue el jugado en el estadio de Cornellá del RCD Español de Barcelona entre las selecciones nacionales de España y Egipto.
Como es sabido, en el estadio de Cornellá una parte de la afición que llenaba totalmente el campo coreó en diversos momentos del partido la frase: “musulmán el que no vote”. Es evidente que no puede ser considerada ni como correcta ni como deportiva y debe ser claramente repudiada. Fue criticada y considerada como “xenófoba y racista” e inaceptable con el gobierno saliendo en tromba contra la afición, instando Sánchez a la fiscalía a actuar y amenazando la Federación Española de fútbol con sanciones económicas y deportivas por lo sucedido.
Pues bien, el pasdado sábado, antes del comienzo del partido, al sonar el Himno Nacional como es tradicional costumbre en tal espectáculo deportivo, empezó por un sector del público a abroncarse y pitarse su audición haciéndola extensiva al Rey don Felipe. Y, por si fuera poco, al tiempo se empezó a corear ostensiblemente por dicho sector la expresión “ETA, ETA, ETA”. La reacción institucional ha sido inexistente, no adoptándose ninguna medida ni entonces ni después criticando lo sucedido. Incluso en TV el comentario del locutor fue decir que esos gritos eran ejercer la “libertad de expresión” por parte de sus autores.
No se trata de una mera crítica por comparación entre el trato dado a uno y otro hecho -reprobables ambos, por supuesto-, sino de extraer consecuencias necesarias para evitar que estas situaciones puedan repetirse con impunidad y que puedan pasar a ser “normalizadas”. Si gritar la expresión referida a los musulmanes debe ser repudiada, no es menor el rechazo a corear con entusiasmo a una organización terrorista que lleno de sangre y violencia las calles de España durante más de 40 años. Dos pesas y dos medidas “progresistas”.











