El Atléti confirma su ADN perdedor: pierde la Copa del Rey contra la Real Sociedad
El discurso del “orgullo atlético” lleva años intentando maquillar una realidad incómoda: el Atlético de Madrid ha normalizado la derrota como parte de su identidad. Lo que algunos llaman “resistencia” o “espíritu de lucha”, en el fondo es una aceptación recurrente de quedarse a medio camino. Y eso, en la élite, no es romanticismo: es mediocridad disfrazada.
Se ha construido un relato casi épico alrededor del sufrimiento. Perder finales se celebra como gestas heroicas, competir sin ganar se vende como éxito, y caer ante los grandes se justifica como si fuera inevitable. Pero el fútbol de alto nivel no premia las buenas intenciones, premia a los que ganan. Y ahí, el Atleti lleva demasiado tiempo fallando en los momentos clave.
El problema no es perder alguna vez, eso le ocurre a cualquiera. El problema es convertirlo en costumbre. Cuando un equipo entra al campo con la idea de resistir en lugar de dominar, de sobrevivir en lugar de imponerse, el resultado suele ser el mismo: termina cediendo. Y lo peor es que ya no sorprende.
Se habla mucho del carácter competitivo del equipo, pero ese carácter parece tener un techo muy claro. Cuando llega la hora de la verdad, cuando el escenario exige dar un paso adelante, el Atlético suele mirar atrás. Esa mentalidad conservadora, casi temerosa, es la que perpetúa la etiqueta de “equipo incómodo” pero no la de campeón.
Mientras otros clubes grandes exigen títulos, el entorno rojiblanco sigue aplaudiendo el esfuerzo. Y ahí está la diferencia. Porque el esfuerzo sin recompensa, repetido año tras año, no es una virtud: es una señal de que algo estructuralmente falla.
El Atlético de Madrid no necesita más relatos épicos. Necesita dejar de sentirse cómodo en la derrota. Porque mientras siga abrazando ese supuesto “ADN competitivo” que en realidad normaliza perder, seguirá siendo un aspirante… pero raramente un ganador.
Atléti, eterno perdedor
El Atlético de Madrid ha perdido la final de la Copa del Rey tras empatar en el tiempo reglamentario (2-2) y perder en la tanda de penaltis (3-4) ante la Real Sociedad, con goles de Oyarzabal y Barrenetxea, por parte blanquiazul, y de Lookman y Julián Alvarez, por los rojiblancos, en la final disputada en el estadio de La Cartuja de Sevilla.
La final fue trepidante, con un primer tiempo con más ímpetu de los donostiarras, que se adelantaron dos veces, primero con un tanto de Barrenetxea a los 14 segundos y luego, tras neutralizarlo el nigeriano Lookman en el 18, con otro de Mikel Oyarzabal de penalti, cometido por el meta Musso sobre Guedes.
La segunda mitad fue de total dominio atlético, que forzó la prórroga con un gol de Julián Álvarez en el 83, aunque se llegó a los penaltis y en ese trance fue más efectiva la Real.
Se medían en la séptima final copera consecutiva en La Cartuja dos equipos en un gran momento, con confianza y con hambre, buscando un título que no saboreaban desde 2021 la Real Sociedad, que ganó la edición 2019-20 aplazada por la pandemia, y desde 2013 el Atlético, eufórico tras su pase el martes a la semifinal de la Champions al eliminar al Barcelona.
Ambos técnicos, el argentino Diego Simeone y el estadounidense Matarazzo, que le ha cambiado totalmente la cara a una Real ahora supercompetitiva, fueron fieles al guion previsto y alinearon sus onces más previsibles, confiados y leales a sus hombres, en teoría, más fiables.
Así, sólo hubo un cambio en el Atlético respecto al que perdió con el Barça (1-2), pero que se clasificó para semifinales de la Liga de Campeones por el 0-2 de la ida, con la entrada de Marc Pubill por el francés Lenglet.
El resto, lo esperado, con Musso en el marco, Molina de lateral, Llorente en el medio con el sempiterno Koke y arriba Griezmann y Julián Álvarez.
Mientras, en la Real volvían a la titularidad el portero Unai Marrero, el habitual en la Copa en lugar de Remiro; el central Jon Martín por Elustondo; el extremo portugués Guedes por Brais; y el capitán Oyarzabal por el islandés Oskarsson.
La final arrancó con un ritmo vertiginoso y un grave despiste de los rojiblancos que fue letal. Y sólo se llevaban 14 segundos.
Marrero envió un balón en largo hacia el ataque izquierdo realista y Guedes, muy activo en la primera mitad en una banda que el Atlético no tapó bien, centró para que Barrenetxea le ganara el sitio a Ruggeri y, en un escorzo, cabeceara al fondo de la red.
El 0-1 tan temprano para los donostiarras cambiaba todos los planes del equipo de Simeone. Fue un mazazo para los colchoneros.
El equipo vasco, con un juego muy fluido y vertical, demostró tener las ideas muy claras, pero el Atlético, tras reclamar sin éxito una posible falta de Martín sobre Julián al borde del área, reaccionó e igualó pronto, a los 18 minutos.
Lo hizo por medio de su jugador más enchufado e incisivo, el extremo izquierdo nigeriano Lookman, quien, tras la única buena triangulación quizás de los rojiblancos en la primera mitad, controló un pase de Griezmann al centro del área para batir a Marrero de un tiro raso e inapelable. El 1-1 lo devolvía todo al origen, pero levemente con mejores sensaciones para la Real.
Desconectado en el medio campo y con Llorente y Koke superados por la presión txuri urdin y por un gran Soler, bien auxiliado por Turrientes y los laterales donostiarras, al Atlético le costó un mundo hilvanar jugadas.
Su fútbol era gris, nublado, salvo algunas incursiones de Lookman, su mejor hombre, y apariciones intermitentes de Griezmann, con Giuliano y Julián Álvarez desaparecidos.
Ante este panorama, la Real Sociedad, muy vertical y enchufada, buscando las bandas, siguió a lo suyo.
Tras un tiro lejano de Guedes al lateral de la red antes de otro intento de Lookman, poco acompañado por los suyos, el conjunto guipuzcoano halló el premio a su mayor claridad y llegada en el tiempo de prolongación del primer tiempo.
Lo propició una fallida salida de Musso, en una desafortunada acción tras una falta centrada de Soler. Su intento de despeje golpeó con el puño en la cabeza de Guedes, siempre presente, y el árbitro decretó un penalti que Oyarzabal, engañando a la perfección al argentino con un disparo a su derecha, transformó en el 1-2 en el primer minuto del añadido.
En la reanudación, el Atlético pareció salir con otro ritmo, con más brío y más participación de sus jugadores referentes ante la enorme presión y la lucha cuerpo a cuerpo, en los duelos y los balones divididos, de los donostiarras, si bien la Real siguió estando cómoda, con una defensa cerrada, atenta y concentrada, y sin pasar excesivos apuros.
Los rojiblancos dejaron claro tras el descanso que iban a hacer lo imposible para cambiar el rumbo de la final. Lo hizo, con un aviso tempranero, Griezmann, quien disparó alto a la media vuelta.
Pero era obvio que el Atlético, exigido por el marcador y por su propia ambición, jugó ahora más, con mucho más sentido y criterio, y también con más llegadas.
Llorente se vació, se multiplicó y, en una rápida arrancada por la derecha, sirvió un buen balón al área que Lookman mandó a las nubes. Griezmann también empezó a activarse y Simeone movió ficha sobre la hora de juego ante una Real Sociedad que reculó peligrosamente. Entraron los atacantes Nico González y el noruego Sorloth por Lookman y Ruggeri.
Matarazzo refrescó a su equipo con Gorrotxategui y Marín por Turrientes y Barrene, y luego cambiando a su delantera con Aihen y Óskarsson por Guedes y un Oyarzabal tocado, más el japonés Kubo en lugar de Sergio Gómez. También lo hizo Simeone en la recta final con Baena, Johnny y Almada por Giuliano, Molina y un Griezmann ya sin gasolina.
El segundo tiempo fue un monólogo rojiblanco, con la Real Sociedad afanada en defender y el Atlético, dominador y llegando mucho arriba.
Pero con centros fáciles y sin clarividencia ni tino para hacer daño, hasta que en el 83 Julián Álvarez controló con la derecha un pase de Llorente y se sacó desde la frontal un potente zurdazo para forzar la prórroga.
La Real, hundida en su área toda la segunda parte, salió con más brío y todo se igualó, con las fuerzas mermadas en ambos.
Soler y Óskarsson tuvieron opciones, pero la más clara la tuvo en el 100 el atlético Julián Álvarez, reactivado tras el descanso, remató a la cruceta derecha, lo que dio paso a una tanda de penaltis en la que triunfo el cuadro txuri urdin.











