Apoteosis de Morante en la Maestranza de Sevilla: lidia completa y añeja desde el capote a la muleta
La cuadrilla del Búcaro.- Antes del delirio morantista en el cuarto, hay que recordar la bella faena de Juan Ortega a su primero, con torería, lenta cadencia, gusto y ritmo, que solo fue para su desgracia posible por el lado derecho. Y recordar la ilusionante presentación de Víctor Hernández, el torero que no conocía Carlos Herrera. Estatuarios de ensueño y un gran toreo al natural, en una realidad de verdad apasionante y concepto diferente. Muy por encima del vulgar astado. Oreja de peso.
Y en el cuarto llegó la apoteosis, en una lidia completa y añeja desde el capote a la muleta. Con un esforzado y vistoso tercio de banderillas muy jaleado por la parroquia sevillana. Faena de regusto, inspiración y duende, muy por encima de la realizada en Resurrección. Falló a espadas, dando tres o cuatro vueltas al ruedo. Morante es capaz de torear sin toro, en otra tarde celebrada y muy disfrutada.
El quinto no sirvió a Juan Ortega. En el sexto, con un toro que valía poco, Hernández sacó agua de un pozo seco, en una faena firme, estoica y entregada. Gran debut del madrileño que mereció la oreja, pero pesaba el síndrome Morante.
De los toros de Álvaro Núñez prefiero no hablar para que nadie se me enfade y me llame mal “aficionado”. A Morante lo pasearon a hombros al final del festejo con una algarada juvenil queriendo sacarlo por la Puerta del Príncipe.











