Andalucía ante una encrucijada: la gestión de Juanma Moreno o el riesgo de la inestabilidad y el bloqueo de Vox
Ignacio Andrade.- En un momento político clave para Andalucía, la figura de Juanma Moreno se ha consolidado como uno de los liderazgos autonómicos más estables y reconocibles del panorama español. Desde su llegada a la Junta en 2019, su proyecto ha pivotado sobre tres ejes fundamentales: estabilidad institucional, crecimiento económico y refuerzo progresivo de los servicios públicos. Sin embargo, el escenario electoral actual plantea una incógnita decisiva: ¿qué ocurriría si esa gestión no logra revalidarse con una mayoría absoluta?
Uno de los elementos más valorados del mandato de Moreno ha sido la estabilidad. Tras décadas de gobiernos monocolor del PSOE, el cambio político no derivó en incertidumbre, sino en una etapa que desde el propio Ejecutivo andaluz se define como un “ciclo que le ha sentado muy bien a Andalucía”
Esta estabilidad ha permitido impulsar políticas económicas sostenidas en el tiempo, aprobar presupuestos sin bloqueos y proyectar una imagen de confianza hacia inversores y empresas. En términos políticos, el modelo ha girado hacia la centralidad, evitando tensiones ideológicas bruscas y apostando por una gestión pragmática.
No es casual que el propio Moreno haya planteado el dilema electoral en términos claros: gobierno en solitario o “lío de inestabilidad”
Crecimiento, empleo e inversión
Uno de los pilares del relato de gestión es la evolución económica. Diversos indicadores apuntan a una mejora significativa en los últimos años.
Como muestra, Andalucía ha alcanzado niveles de paro cercanos al 15%, los más bajos desde 2007, la afiliación a la Seguridad Social ha crecido en más de 300.000 personas desde 2019, el PIB regional ha mostrado crecimientos en torno al 3% anual en ejercicios recientes y se han captado miles de millones en inversión industrial y tecnológica
Además, el Gobierno andaluz ha aplicado una política continuada de bajadas fiscales —hasta siete reformas tributarias en siete años— con el objetivo de dinamizar la economía y aliviar a familias y empresas
A ello se suma la mejora de la calificación crediticia y la reducción de la deuda, factores que refuerzan la imagen de solvencia institucional.
.Frente a la crítica de que el crecimiento económico no siempre se traduce en bienestar, el Ejecutivo andaluz ha defendido un aumento progresivo de la inversión social.
Destaca especialmente el incremento del presupuesto en dependencia hasta más de 2.600 millones de euros en 2026, un 120% más que en 2018, la ampliación de servicios educativos, como la gratuidad progresiva de la educación infantil y un aumento del gasto sanitario por habitante que sitúa a Andalucía ligeramente por encima de la media nacional
Asimismo, se han impulsado infraestructuras, proyectos tecnológicos y polos industriales —especialmente en provincias como Málaga— que buscan cambiar el modelo productivo tradicional.
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Persisten también desafíos estructurales que deben destacarse. Andalucía continúa teniendo niveles de renta inferiores a la media nacional y europea, así como problemas históricos de desempleo y desigualdad
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Además, la sanidad pública ha sido uno de los principales focos de crítica política, con episodios recientes que han generado desgaste y movilización social
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Incluso desde posiciones cercanas al Gobierno se reconoce que aún queda margen de mejora en salarios, empleo de calidad o acceso a la vivienda
Sin embargo, la clave del debate político no reside únicamente en el balance —positivo o negativo—, sino en la continuidad del modelo.
Es decir, el factor decisivo: mayoría absoluta o dependencia
El gran riesgo que se abre en el horizonte electoral no es tanto un cambio inmediato de gobierno como la pérdida de autonomía política. Sin mayoría absoluta, el Ejecutivo dependería de pactos, previsiblemente con fuerzas como Vox, lo que introduciría tensiones y condicionantes.
La experiencia reciente en otras comunidades muestra que los gobiernos de coalición pueden enfrentar bloqueos, dificultades para aprobar presupuestos o divergencias estratégicas. El propio Moreno ha insistido en que la alternativa a la mayoría absoluta es la inestabilidad
Además, el contexto político sugiere que partidos tan poco fiables como Vox, que actúan como socios minoritarios, tienden a generar fricciones internas y pérdida de cohesión gubernamental.
En última instancia, el debate no es únicamente sobre una persona o un partido, sino sobre un modelo de gobernanza. La continuidad de un proyecto basado en estabilidad, moderación y crecimiento económico podría verse alterada si el resultado electoral obliga a negociar cada decisión.
En palabras del propio Juanma Moreno, la elección se plantea entre estabilidad o incertidumbre. Y en ese punto, el voto —y especialmente la participación— puede ser determinante.
En definitiva, el presidente del ejecutivo autonómico andaluz y candidato a la reeleccioón a gestión ha construido un relato apoyado en datos económicos, estabilidad institucional y reformas progresivas. Aunque no exenta de críticas ni desafíos pendientes, ha logrado situar a Andalucía en una senda de crecimiento más sólida que en etapas anteriores.
El verdadero interrogante ahora no es tanto qué se ha hecho, sino qué puede mantenerse. Porque, en política, los proyectos no solo dependen de su calidad, sino de su capacidad para sostenerse en el tiempo. Y esa continuidad, hoy, está directamente ligada a una mayoría absoluta que podría definir el futuro inmediato de la comunidad.












