La izquierda cainita y la yugular de Sánchez
Sergio Alonso.- Los principales dirigentes de la ultraizquierda en España están haciendo un verdadero papelón. La mayor parte de ellos escaló hasta la órbita del poder al grito de “ladrones, no” cuando las sospechas de corrupción cercaban al PP en el último gobierno de Mariano Rajoy y, ahora, el estallido de casos aparentemente más graves de saqueo de dinero público y de escándalos sexuales bochornosos en el corazón mismo del socialismo les ha cogido con el pie cambiado.
Resulta enternecedor, por no decir grotesco, ver a Yolanda Díaz cuestionar con la boca pequeña lo que ocurre en el entorno sanchista e instar al presidente a un cambio de fichas en su gabinete, mientras ella permanece cómodamente en el mismo tras compartir asiento y bancada en el Congreso de los Diputados con alguno de los que hoy duermen en prisión.
También resulta grotesco escuchar a Ione Belarra o a Irene Montero recriminar a Pedro Sánchez por su falta de reacción política y su permisividad con los amantes del dinero ajeno después de que su partido y el Ejecutivo al que pertenecieron les hiciera el vacío a varios de los medios de comunicación que difundieron los primeros escarceos de José Luis Ábalos, Koldo y Santos Cerdán, encuadrándolos en la categoría de máquinas del fango. Pseudomedios, les llamaban desde Podemos.
Esa táctica de decir una cosa y hacer luego otra, de aparentar enfado con el que te da de comer mientras se besa dócilmente su mano, de mostrar en definitiva más cara que espalda, es hábilmente ejecutada por Mónica García, la ministra que va a lo suyo y que tiene la sanidad pública hecha unos zorros. Allá por donde va, esta anestesista de profesión y agitadora de vocación proclama su supuesta tolerancia cero contra la corrupción y se permite incluso el lujo de esparcir a los cuatro vientos sospechas donde no existe ninguna prueba fundada. La misma que habla de “corrupción institucional en la gestión de los hospitales madrileños” no tiene, sin embargo, ni una palabra sobre las tramas de las mascarillas que se hicieron de oro durante la pandemia de covid, cuando miles de pacientes morían infectados por el virus, ni sobre los pagos que supuestamente se apropiaron sus promotores.
Para que conozcan mejor al personaje, sepan que la ministra creó incluso un Observatorio contra el Fraude y la Corrupción Sanitaria dentro de su Ministerio, mientras este era excluido por Moncloa de la Comisión Interministerial para el impulso del Plan Estatal de Lucha contra la Corrupción. ¿A qué conclusiones ha llegado ese Observatorio creado por García sobre dichas tramas? ¿Y qué opina de que Baleares en la época de Francina Armengol incumpliera presuntamente la normativa en al menos 60 contratos durante la pandemia, por compras superiores a los 100.000 euros, según una auditoría externa? ¿Cómo valora el Observatorio los pagos que estuvieron bajo sospecha en su propio ministerio cuando ella todavía no era ministra, y que afectaban fundamentalmente al Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa) y a la Dirección General de Cartera de Servicios y de Farmacia?
La doble vara de medir de los dirigentes ultraizquierdistas que pululan por la órbita del poder tiene, sin embargo, límites. La línea roja de esta ultraizquierda cainita está precisamente en ese poder. Cuando huelan que lo pierden definitivamente, sus representantes saltarán los primeros sobre la yugular de Pedro Sánchez para intentar adueñarse de los restos que queden del Partido Socialista.











