El día que Molina fue el lateral izquierdo de la selección
José Francisco Molina fue un gran portero español de finales de los 90 y la década de los 2000. Fue, por ejemplo, el portero titular del histórico doblete del Atlético de Madrid, pero la historia de su debut con la selección española es, sin duda, digna de un guión cinematográfico y una de las historias más curiosas y divertidas de las que rodean la selección.
Todo ocurrió el 24 de abril de 1996, en un partido amistoso que disputaban la selección española y la de Noruega, cuando Molina dejó una imagen que perdurará para siempre en la memoria del fútbol español. El habitualmente guardameta, se vio obligado a vestirse como jugador de campo y jugar sus primeros minutos con la selección como lateral izquierdo. Una situación que hoy en día revolucionaría las apuestas en directo.
Una coincidencia del destino
El escenario era el Ullevaal Stadion, y España se preparaba en este amistoso para la Eurocopa de 1996. Una vez habían entrado al campo todos los jugadores de campo que actuaban como suplentes llegó la lesión de Juanma López, defensa del Atlético de Madrid, lo que obligaba a la selección a jugar con uno menos… o a dar entrada al único suplente que quedaba, que no era otro que Molina. El peculiar seleccionador Javier Clemente llamó a Molina y como único futbolista disponible para entrar al terreno de juego decidió meterlo a jugar fuera de posición. Lo que siguió fue un cuarto de hora en el que Molina no solo evitó desentonar, sino que brilló con luz propia.
Una actuación para el recuerdo
Aún con medias y pantalón de portero, pero luciendo el número 13 en su camiseta, Molina se lanzó al campo y sorprendió a todos con su desempeño en el lateral. Mostró habilidades defensivas notables, acierto en la conducción y el pase, e incluso participó activamente en algunas jugadas de ataque. Su actuación culminó con una oportunidad de oro: un remate que, a poco de convertirse en gol, habría marcado un hito aún mayor en su ya insólita aparición.
Inicio y fin de una era
Curiosamente, Noruega no solo fue testigo de su debut inusual, sino que curiosamente también fue el rival en el final de su carrera con la selección. Molina, quien había sido suplente en la Eurocopa de 1996 y el Mundial de 1998, finalmente obtuvo la titularidad en la Eurocopa del 2000. Sin embargo, un desafortunado partido contra Noruega marcó su última aparición con la camiseta española, cerrando así un ciclo marcado por altibajos y un inicio verdaderamente memorable.
Un legado único
La historia de Molina es un testimonio del espíritu deportivo y de la capacidad de adaptación. Su debut como jugador de campo, más allá de ser una simple anécdota, representa un momento donde la necesidad y la valentía se entrelazaron para crear un capítulo inolvidable en la historia del fútbol español. Esta jornada demostró que, en el deporte, a veces los momentos más inesperados pueden convertirse en los más extraordinarios, por lo que siempre hay que mantenerse preparado.











