Entre promesas y problemas
Alejandra GP.- Aquí quería llegar yo. Por fin elecciones dicen unos, el resultado será el mismo dicen otros, y no nos ponemos de acuerdo en los sillones dicen muchos.
¿En qué momento nos acostumbramos a vivir en la incertidumbre? Cada día asistimos a nuevos acontecimientos que ponen a prueba nuestra confianza, nuestros valores y nuestra capacidad para mirar el futuro con esperanza. Quizá el problema no solo sea lo que está ocurriendo, sino también la forma en la que hemos aprendido a aceptarlo y a normalizarlo. Pero las preocupaciones más cotidianas son el cómo llegar a fin de mes, acceder a una vivienda o construir un futuro estable. pero entre información, opiniones y promesas se va diluyendo poco a poco cada opinión y cada promesa.
Entonces es cuando realmente nos planteamos, ¿ están nuestras instituciones respondiendo realmente a las necesidades de la sociedad?
La política debería ser una herramienta al servicio de las personas, de la sociedad en general, un espacio para construir soluciones y no un escenario para los enfrentamientos y como ya he narrado muchas veces nada del “ y tú más” tan detestable.
No se trata de negar la complejidad de gobernar, ni de que existan distintas maneras de entender cómo debe resolverse los problemas. El desacuerdo formas parte de la democracia y la pluralidad es necesaria. Sin embargo, una cosa es discrepar sobre las soluciones y otra muy distinta convertir la discrepancia en un obstáculo permanente para encontrarlas. La ciudadanía tiene derecho a exigir explicaciones, compromisos verificables y resultados, porque los problemas de la gente no desaparecen cuando termina un debate ni se resuelven cambiando el lema de una campaña, estos problemas permanecen en las casas, en los trabajos y en preocupaciones varias de la sociedad.
La confianza no se reclama, se construye. Y, una vez perdida, solo se puede recuperar con hechos.
El 29 de Noviembre estamos convocados a una unas elecciones generales y la democracia no termina cuando depositamos nuestro voto en una urna, continua cada día, cuando exigimos transparencia, cuando defendemos nuestros derechos y cuando nos negamos a aceptar que la confrontación sustituye al diálogo o que los intereses particulares se impongan al bien común.
Y quizá la pregunta más importante no sea quién gana la próxima batalla política, sino quién está dispuesto a trabajar para que la ciudadanía deje de perder.
Repito, la confianza, cuando se trata del futuro de un país, no debería ser una promesa más.
Termino con una frase de un escritor, poeta, jurista y diplomático español llamado Diego de Saavedra Fajardo, siendo un político de gran experiencia dado a todas las cortes europeas en las que permaneció y que dice así “Para los súbditos, el rey; para la patria, la ley”.










