El ansiado retorno de Morante a Madrid se quedó en eso
La cuadrilla del Búcaro.- Más camiones que en Mercamadrid para completar una corrida de toros de Morante en Las Ventas. Corrida de desigual y mala presentación y hechuras variopintas, descastados y justos de fuerzas en general, con pobres encuentros en las caballerías. Los Cuvillos tercero y cuarto protestados, este último impresentable, y el Garcigrande quinto era feo con carnet. Nobles y sosos, sin fondo ni raza para plantear problemas ni permitir lucimientos. El Garcigrande primero tuvo opciones.
El ansiado retorno de Morante a Madrid se quedó en eso. Con el descastado y de corto viaje primero de Garcigrande, se limitó a un trámite de probaturas sin calado ninguno. Estuvo eficaz con la espada. Con el protestado cuvillín cuarto, encontró cierta luz y brillo al natural, en un trasteo muy embarrado y con excesivos enganchones. Metisaca y media. El buen público madrileño lo despidió con cariño para que lo recuerde si no vuelve.
Muy frio estuvo el público con el mexicano Héctor Gutiérrez. Realizó un trasteo serio y con empaque en el tercero, atesorando buen concepto y asentadas costuras, pero el Cuvillo transmitía poco. Con el destartalado Garcigrande poco había que hacer. Interesante tarde la del joven torero azteca. Ya me había gustado en la Chenel.
Aarón Palacio, que confirmaba alternativa, se llevó el toro más potable del muestrario ganadero. El Garcigrande, noble y manejable, permitió al aragonés un trasteo de muchos y ligados muletazos, en una faena variada y alegre, de entregada exposición y poco reposo. La espada le privó de una posible oreja. Lo intentó con el Cuvillo sexto pero aquello no tenía solución ni interés. El maño puede ser un torero de ferias, tiene mimbres para hacer cestos.
Nos quedaremos con el recuerdo y la duda del último paseo de Morante, o no, por Madrid. Y las buenas sensaciones de dos jóvenes toreros que pueden salir adelante si les dejan. Ellos no tienen la culpa de apuntarse a estos hierros, esas gestiones las lleva el equipo del Cigarrero de la Puebla. Estoy de cuvillitos y garcileches hasta más arriba del sombrero. Pero el recuerdo de los Adolfos me alimenta el espíritu.











