Los cadáveres de Isabel Díaz Ayuso (Videocomentario de Joaquín Abad)
Isabel Díaz Ayuso tiene una cualidad que empieza a resultar extraordinaria: quienes han intentado acabar con ella han terminado siendo un cadáver político.
Los dirigentes que se enfrentaron a Ayuso convencidos de que podían derribarla, arrinconarla o convertirla en un episodio pasajero de la política madrileña han acabaron perdiendo el cargo, el liderazgo o incluso abandonando la primera línea. Y la lista empieza a ser considerable.
Uno de los primeros fue Ángel Gabilondo. En marzo de 2021, cuando Ayuso decidió disolver la Asamblea y convocar elecciones, el PSOE de Gabilondo presentó una moción de censura intentando impedir aquella convocatoria. Dos meses después llegó la respuesta de las urnas, el PSOE cayó hasta la tercera posición, por detrás incluso de Más Madrid. Fue el peor resultado histórico de los socialistas madrileños. Gabilondo decidió no recoger siquiera su acta de diputado y abandonó la política partidista. Aunque meses después Pedro Sánchez le nombra Defensor del Pueblo.
Y aquella noche del 4 de mayo de 2021 dejó un cadáver político mucho más espectacular: Pablo Iglesias.
El entonces vicepresidente segundo del Gobierno que había dejado la Vicepresidencia para presentarse personalmente en Madrid y vencer a Díaz Ayuso. Aquello dejó de ser una elección autonómica para convertirse en un combate nacional. Iglesias llegó a afirmar durante aquella campaña que, si se investigaba a Ayuso, podría terminar en prisión.
El resultado fue demoledor. Podemos consiguió apenas diez diputados. Esa misma noche Iglesias compareció y anunció: “Dejo todos mis cargos y dejo la política”. Había abandonado la Vicepresidencia del Gobierno para derrotar a Ayuso y terminó abandonando la política después de enfrentarse a ella.
El episodio más sorprendente llegó después porque el siguiente enemigo no procedía de la izquierda y procedía de su propio partido: Pablo Casado y Teodoro García Egea.
A comienzos de 2022 estalló una guerra abierta entre la dirección nacional del Partido Popular y Ayuso alrededor del contrato de mascarillas en el que había participado el hermano de la presidenta madrileña. Génova llegó a abrir un expediente contra Ayuso mientras la presidenta denunciaba que se había intentado obtener información sobre su familia mediante un supuesto espionaje.
Aquello tenía todos los ingredientes para acabar con ella. Y ocurrió exactamente lo contrario.
En cuestión de días, la dirección nacional del Partido Popular comenzó a desmoronarse. Teodoro García Egea dimitió como secretario general. Pablo Casado se despidió prácticamente como líder de la oposición en el Congreso y el partido convocó un congreso extraordinario que terminó llevando a Alberto Núñez Feijóo a la presidencia del PP.
Y después llegó un caso todavía más delicado porque ya no hablamos de adversarios electorales ni de luchas internas de partido.
Hablamos del Fiscal General del Estado.
El caso de Alberto González Amador, pareja de Ayuso, desembocó en una investigación contra Álvaro García Ortiz por la revelación de información reservada relacionada con las conversaciones entre la defensa de González Amador y la Fiscalía.
El desenlace fue histórico.
El 20 de noviembre de 2025, el Tribunal Supremo condenó a Álvaro García Ortiz a una multa y a dos años de inhabilitación para ejercer como Fiscal General del Estado por revelación de secretos. Otro nombre para la lista.
Y en agosto de 2026, siete años después de llegar a la Puerta del Sol, Isabel Díaz Ayuso continúa siendo presidenta de la Comunidad de Madrid.
Esa es la verdadera singularidad de esta historia. Gabilondo quiso sustituirla y abandonó la política madrileña.
Pablo Iglesias dejó la Vicepresidencia del Gobierno para enfrentarse a ella y terminó abandonando toda la política.
Pablo Casado y Teodoro García Egea entraron en guerra con ella desde la dirección de su propio partido y perdieron la dirección del PP.
Y Álvaro García Ortiz acabó condenado e inhabilitado después de que el conflicto alrededor de la pareja de Ayuso terminara alcanzando a la cúspide de la Fiscalía.
Existe un patrón político difícil de ignorar. Sus adversarios han cometido repetidamente el mismo error: convertir la destrucción de Isabel Díaz Ayuso en un objetivo en sí mismo y al hacerlo han conseguido muchas veces el efecto contrario.
Quizá esa sea la lección que todavía no han aprendido sus adversarios, encabezados por el propio presidente Pedro Sánchez, quien la ataca cada vez que tiene ocasión, con enfermiza obsesión.
A Isabel Díaz Ayuso se la podrá derrotar algún día en las urnas, pero quienes han intentado destruirla por otros caminos deberían mirar primero hacia atrás.
Y es que el camino que conduce a la Puerta del Sol empieza a estar lleno de cadáveres políticos, por lo que convendría en seguir el culebrón que alguien ha filtrado, donde dirigentes de Génova conspiran para que Cayetana Álvarez de Toledo sea la que sustituya a Díaz Ayuso al frente de la Comunidad de Madrid.
Sería extraño que Cayetana caiga en la trampa porque a lo mejor la jugada es que su brillantez parlamentaria también molesta en la sede del PP, y si cae contra Isabel sería otra tumba política en el cementerio de la presidenta. Aunque la tumba definitiva será la del propio presidente Sánchez…











