Ceuta no puede permitirse convertir en enemigos a los españoles que acuden a defenderla frente a la invasión de Marruecos

Alvise Pérez, líder de SALF, ondea una bandera española bajo protección policial mientras era acosado y amenazado por ceutíes de origen marroquí.
Lo ocurrido este fin de semana en Ceuta debería invitar a una profunda reflexión. Una parte de la sociedad ceutí tenía una decisión muy sencilla: recibir con respeto a quienes se desplazaron hasta la ciudad para denunciar la situación que vive la frontera y expresar públicamente su apoyo, o convertir esa visita en un espectáculo de hostilidad. Eligieron sin embargo la confrontación.
Los insultos, las amenazas y los altercados que obligaron a evacuar a Alvise Pérez bajo protección policial dibujan una imagen desoladora. No solo por la tensión vivida, sino porque transmiten un mensaje devastador: la población ceutí rechaza a quienes, acertada o equivocadamente, han decidido implicarse y defender la causa de Ceuta en el debate nacional.
Cada pueblo es libre de escoger a sus aliados, pero también debe asumir las consecuencias de sus decisiones. Si mañana la presión sobre Ceuta aumenta, si la situación se deteriora y si quienes hoy gobiernan continúan mirando hacia otro lado, será difícil reclamar la solidaridad de aquellos a quienes el pasado sábado se recibió con desprecio.
La lealtad no funciona en una sola dirección. En ese sentido, quien responde con hostilidad a quienes acuden a respaldarle no puede esperar que esos mismos acudan una y otra vez cuando arrecie el temporal.
Ceuta atraviesa un momento decisivo. En lugar de cerrar filas con quienes denuncian sus problemas, algunos han preferido señalar al mensajero. Es una decisión legítima, pero profundamente equivocada, ya que los desafíos de la ciudad no desaparecen gritando más fuerte al visitante. Siguen ahí. Lamentablemente, todo indica que no han hecho más que empezar y ya hay patriotas que han manifestado que se desentienden de la suerte que ambas ciudades puedan correr en el futuro
Cuando llegue la hora de pedir ayuda, convendría recordar quién estuvo dispuesto a dar la cara y quién decidió convertirlo en enemigo. Las oportunidades perdidas también tienen consecuencias.











