La visita de Sánchez al Papa y la desmemoria
Juan Van-Halen.- Mañana, según la previsión, Pedro Sánchez será recibido por el Papa León XIV. Algún medio, aleccionado, recordará que el Vaticano, además del centro de la Iglesia católica universal, es un Estado, Ciudad del Vaticano, y así todo se limite a una relación entre Estados. La información a medias caracteriza muchas cuestiones que nos llegan. Me parece de perlas que Sánchez sea recibido por León XIV, como me alegró que el Papa Francisco recibiese en dos ocasiones a Yolanda Díaz, parece que con el Valle de los Caídos como fondo, pero no sobra recordar que ambos se declaran ateos.
Recuerdo mis conversaciones sobre religión con el «viejo profesor» Enrique Tierno Galván. Le dediqué un fascículo en la colección Los líderes y le debo un magistral prólogo a mi libro Galería de espejos rotos. Tengo dedicado ¿Qué es ser agnóstico?, de 1982. Ya había publicado, en 1975, Yo no soy ateo. Tierno, con infinitas lecturas y reflexiones, diferencia lo que para otros no estará tan claro. El ateísmo se posiciona sobre las creencias, y el agnosticismo sobre el conocimiento. Sánchez tratará de utilizar la visita del Papa a España en su favor, manipulando lo que haga falta. Incluso, por primera vez, el presidente asistirá a una misa el 10 de junio en la basílica de la Sagrada Familia. Es experto en travestirse, el Papa no.
Zapatero, desenmascarado contador de nubes, y Sánchez, su hombre bajo las nubes, se inventaron una memoria histórica o democrática que sólo afecta a la Historia que a ellos y a sus palmeros les interesa; olvidan lo demás, y embadurnan lo históricamente cierto ajustándolo a su conveniencia. La Iglesia es otra dimensión. Su realidad aúna la magnitud terrenal y la trascendencia divina. Eso se encontrará Sánchez en el Vaticano. En la memoria histórica de la Iglesia no hay trampas. Las hay en las memorietas inventadas por Zapatero y Sánchez. En la Guerra Civil Española fueron asesinados 12 obispos, un administrador apostólico, 4.184 sacerdotes y seminaristas, 2.365 religiosos, además de 297 monjas. Y pasan de 10.000 las víctimas seglares de aquella persecución religiosa; 2.053 han sido elevados a los altares.
El Papa Francisco (2013-2025) beatificó a cientos de mártires de la Guerra Civil. De ellos podemos considerar 933 como procesos más destacados. El Papa León XIV (desde diciembre de 2025) ha beatificado a 143 mártires, los 80 últimos en este mes de mayo. Los primeros, al poco de iniciar su pontificado, once mártires asesinados en Madrid. El Papa es agustino, y fue, entre 2001 y 2013, prior general de su Orden. De San Lorenzo de El Escorial, en 1936, fueron sacados 53 agustinos, entre ellos muchos profesores de la Universidad Maria Cristina, en la que habría de estudiar el luego ateo Sánchez. Trasladados a Paracuellos, fueron asesinados. El padre Julián Zarco, académico de la Historia, fue una de las víctimas. Como sus compañeros murió alabando a Dios y perdonando a sus asesinos.
La persecución religiosa no sólo supuso miles de asesinatos. También la destrucción o saqueo de miles de edificios, de obras de arte, de archivos y documentación irreemplazables. Se inició ya en 1931 y vivió un segundo capítulo en la Revolución de Asturias, octubre de 1934, con más de mil muertos y el saqueo de la catedral ovetense.
A Sánchez se le debe la recuperación gloriosa de Largo Caballero, el Lenin español. Señaló: «Largo Caballero actuó como hoy queremos actuar nosotros. Comprometiéndose con su época, respondiendo contra la adversidad con más democracia». Los socialistas proclaman que «Largo Caballero se opuso a toda veleidad comunista», pero la realidad fue muy distinta. Largo Caballero había anunciado: «Habrá soviet en España» y un corresponsal aseguraba: «Asaltará el poder cuando esté dispuesto» y «antes de cinco años España será soviética». Quedaba claro en su correspondencia con Stalin que, curiosamente, le aconsejaba moderación. En 1935 señaló: «Nuestra meta es una Unión de Repúblicas Ibéricas Soviéticas» y «Lenin ha declarado que España será la segunda República Soviética de Europa y su profecía se hará realidad».
También declaró que los socialistas irían a la guerra si «las derechas» ganaban las elecciones de febrero de 1936. De ahí, acaso, el pucherazo, confirmado, de aquellas elecciones, a raíz de los rigurosos estudios tras aparecer los llamados ‘Papeles de Alcalá Zamora’, robados por agentes de Largo Caballero y desaparecidos durante setenta años.
El caso más abominable, con nombres y apellidos, acaso sea el asesinato del ex fiscal general de la República, Marcelino Valentin-Gamazo y sus tres hijos mayores de 17, 20 y 21 años, en la carretera conquense de Tebar al Picazo. Largo Caballero tenía una cuenta pendiente con él, y la saldó. Valentín-Gamazo había ejercido como fiscal general de la República en la causa contra Largo Caballero por su decisiva responsabilidad en la Revolución de octubre de 1934, pidiendo para él 30 años de reclusión; le correspondía por la acusación de rebelión militar. Absuelto el socialista por escandalosas presiones al Tribunal Supremo, Valentín-Gamazo dimitió y se retiró a una casa de su mujer en Rubielos Altos, Cuenca.
Hasta allí llegaron, el 5 de agosto de 1936, una decena de milicianos armados. Se lo llevaron junto a sus tres hijos mayores y, tras repetidas vejaciones y torturas, les asesinaron por orden de edad, de menor a mayor, para que el padre lo presenciase. Dos años después de la guerra el dueño de la camioneta requisada, al que tomaron como conductor, reconoció en Madrid a uno de los asesinos que fue juzgado y condenado. Seguramente esos asesinos serán hoy «víctimas del franquismo» y «mártires de la democracia» y acaso tendrán calles en sus pueblos. Gracias a unas leyes de la memoria histórica que miran el pasado con un solo ojo. Obviamente la Santa Sede no lo ignora.











