Conflicto en Oriente Medio: El derrocamiento del régimen iraní era una deuda de Estados Unidos y una corrección por errores pasados
Marcelo Duclos.- Uno podría decir que «Estados Unidos», como un colectivo, fue el responsable de los últimos cambios geopolíticos relevantes positivos en el mundo. Sin embargo, lejos de tratarse de una política de Estado más institucional, todo parece indicar que se trata de la fuerte voluntad de un presidente en su último mandato. Sin embargo, el accionar de Donald Trump —sobre todo en Irán— viene a saldar una deuda pendiente de la administración de su país que, paradójicamente, tuvo su cuota de responsabilidad en la instauración del régimen teocrático, que terminó siendo una amenaza nuclear para el mundo. Esto sin mencionar los tentáculos del terrorismo que se padecieron durante el último medio siglo.
Aunque se suele hacer referencia a la revolución de 1979 y a la relación del Sha Mohammad Reza Pahleví con los Estados Unidos como el inicio de la pesadilla teocrática, pero es necesario ir un poco más atrás en el tiempo para comprender la dinámica de los fenómenos políticos que culminan con el alzamiento del extremismo de los ayatolas. Sin dudas, un punto de inflexión fue el golpe de Estado de 1953 contra Mohammad Mosaddeq, cuando no solamente EE. UU. tuvo un rol importante, sino también la inteligencia británica.
Para ese momento, Irán tenía al Sha como rey, pero no ostentaba el poder total. Había un primer ministro electo democráticamente y un parlamento funcionando. Entre las medidas de Mosaddeq que pavimentaron el camino a su caída fue la nacionalización del petróleo, que tuvo como protagonista la polémica vinculada a la Anglo-Iranian Oil Company británica. Mosaddeq había querido auditar la empresa, pero la firma inglesa se negó. El conflicto escaló y Reino Unido movilizó grupos militares para tomar la refinería de Abadan, además de pretender imponer sanciones económicas. Mientras tanto, el M16 trabajaba en dos frentes: mientras desestabilizaba al gobierno en Irán, utilizaba su influencia para que EEUU consideren a Mosaddeq como una amenaza hasta de índole comunista.
Aunque se negó en su momento, la CIA cumplió un rol fundamental en la interrupción del proceso democrático iraní. Hasta colaboraron con la movilización de manifestantes hacia Teherán, para darle el golpe de gracia al primer ministro. En otro lado, había un socio fundamental detrás de la jugada: el Sha había prometido a Washington un gobierno aliado y apenas cayó Mosaddeq, él se quedó con el control político total del país.
Es lógico que una potencia como EE. UU. se mueva por intereses, pero pudieron haber cometido un error al haber hecho lo que el histórico aliado de las dos guerras mundiales solicitaba. Hasta ese momento, el extremismo islámico no existía en Irán, pero, evidentemente, no se reparó en las consecuencias impensadas de lo que podía llegar a suceder en un país que parecen no haber conocido en su complejidad.
El gobierno aliado duró algo más de dos décadas, pero en ese Irán moderno y occidental se estaba gestando la locura de Jomeiní debajo de la superficie. La revolución islámica coincidió con la presidencia de James Carter, que no estuvo a la altura de las circunstancias. Aunque jugaron un rol fundamental a la hora de desestabilizar un gobierno constitucional mediante la utilización de los aparatos de inteligencia, increíblemente dejaron progresar a un movimiento que tendría que haber sido abortado de raíz. Carter tuvo otra oportunidad de liquidar al régimen teocrático ni bien se establecía, cuando tuvo lugar la famosa toma de la embajada estadounidense en Teherán. Los primeros intentos fallidos de rescate y el acuerdo posterior tuvieron mucho que ver con la falta de reelección del demócrata, que tuvo que dejarle la Casa Blanca a Ronald Reagan. El conflicto con Irak pudo haber sido más determinante para la liberación de los rehenes que los aportes de la administración Carter.
A Reagan lo esperaban otros desafíos como el colapso soviético y el final de la Guerra Fría. Pero, en resumidas cuentas, EEUU tuvo que ver con el caldo de cultivo que generó las problemáticas que terminaron en una revolución, que sí tendría que haber sido cortada de raíz. Sin embargo, lo dejaron hacer a Jomeini, que murió en su cargo, dejando al sucesor que acaba de ser liquidado. Mientras tanto, Irán se convirtió en una amenaza para el mundo civilizado y una pesadilla para los iraníes.
La política estadounidense manejó mal los tiempos y tuvo que ver con lo que sucedió en este país de Medio Oriente. Afortunadamente, antes de dejar la presidencia, Donald Trump reparó un error que salió muy caro. Ahora los iraníes tienen que terminar el trabajo y cuidar el porvenir.












Sustancialmente de acuerdo con ese análisis. ¿Atropello de la legalidad internacional? El que se consumó entonces, sí. Con el derrocamiento del Sha. Como lo demuestra clarividente el artículo que aquí comento. Tales aguas, tales lodos. Muchos de los que me conocieron o me trataron de antiguo, se verán no obstante sorprendidos o incluso escandalizados de mi postura. Pero es que entretanto viví en Bélgica, y los últimos meses antes de irme de allí, de día y de noche sin techo en Bruselas (horresco referens!) ¡Alto a la invasión! ¡¡¡ABAJO EL ISLAM!!!