Sevilla FC: cuando el problema ya no es el dinero, sino la falta de visión (I)
Manuel Recio Abad.- El Sevilla FC atraviesa probablemente la situación más delicada de su historia. Un club que hace apenas unos años levantaba títulos europeos y era admirado en toda España por su modelo de gestión se encuentra hoy sumido en una profunda crisis económica, deportiva y de gestión societaria.
Las cifras son sobradamente conocidas en el orbe futbolístico. La propia dirección del club ha reconocido una deuda financiera neta cercana a los 88 millones de euros, lo cual ha llevado a la entidad a recurrir a operaciones de financiación de enorme volumen para poder sostener su tesorería y atender sus compromisos de pago a corto y medio plazo.
Entre ellas destaca la financiación de 180 millones de euros firmada con Goldman Sachs para garantizar liquidez en las cuentas y poder refinanciar obligaciones existentes. Todo ello es consecuencia de varios ejercicios consecutivos de pérdidas, una drástica caída de ingresos y la ausencia en las competiciones europeas.
Aún preocupa más el debate sobre cuál es el patrimonio neto de la entidad. Mientras el actual consejo sostiene que el Sevilla mantiene patrimonio positivo, gracias a diferentes mecanismos financieros y regulatorios, diversos informes de auditoría analizados durante la negociación de la venta alertan sobre una situación de extrema fragilidad que obliga a plantear una urgente ampliación de capital para garantizar la estabilidad futura del club.
Aquí es donde aparece la cuestión fundamental. Mientras el Sevilla necesita soluciones urgentes, los accionistas mayoritarios y el grupo inversor liderado por Sergio Ramos han protagonizado durante meses una negociación que al parecer ha terminado en ruptura por “silencio administrativo”. Sergio Ramos sostiene que su propuesta persigue salvar económicamente al club mediante una ineludible y urgente ampliación de capital de entre 80 y 120 millones de euros y que sigue dispuesto a negociar. Los accionistas, por su parte, afirman que el exfutbolista modificó unilateralmente las condiciones pactadas y que incumplió los acuerdos alcanzados.
Sin embargo, más allá de quién tenga razón en este enfrentamiento, existe una realidad difícil de discutir: el gran perjudicado está siendo el Sevilla FC. y su afición.
Durante meses se ha hablado de precios por acción, de fondos de inversión, de aplazamientos de pago, de estructuras financieras y de porcentajes accionariales. Pero apenas se ha hablado del verdadero problema: la necesidad inmediata de fortalecer patrimonialmente al club y devolverle la estabilidad perdida. Mientras unos defendían sus condiciones de compra y otros defendían sus expectativas de venta, el Sevilla seguía deteriorándose deportiva y económicamente. Aquel mensaje lanzado históricamente por los accionistas de que el Sevilla FC era propiedad del sevillismo y por tanto de todos los sevillistas, parece haber sucumbido en la actualidad.
La sensación que percibe buena parte del sevillismo es actualmente demoledora. Se tiene la impresión de que demasiados protagonistas han estado más preocupados por el valor de sus acciones que por el futuro de la institución. Esa es la consecuencia inevitable de tantos años de enfrentamientos internos, juntas convulsas imposibles de dirigir, esto lo puedo afirmar por propia experiencia, y luchas clandestinas por el poder y su control, que han acabado trasladándose al terreno de juego.
El sevillista de a pie no necesita saber de esas complejas estructuras financieras. Lo que observa la afición es un equipo que ha dejado de competir por Europa, una plantilla cada vez más debilitada, una deuda creciente y una guerra accionarial permanente. Y cuando un aficionado contempla ese panorama, resulta inevitable preguntarse si quienes controlan el club están pensando primero en el Sevilla o solo en sus propios intereses.
La comparecencia pública ayer, día 1 de junio de Sergio Ramos, ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión incómoda: el Sevilla necesita capital. Mucho capital diría yo y lo necesita para ya. No dentro de un año, ni cuando terminen los litigios, ni cuando concluyan las disputas entre accionistas. Lo necesita ahora mismo.
Por eso el debate no debería centrarse exclusivamente en quién compra o quién vende. El verdadero debate es quién está dispuesto a invertir reinvirtiendo sus cuantiosos beneficios, asumiendo riesgos y comprometiendo los recursos necesarios para devolver al Sevilla FC la estabilidad económica que perdió hace años.
Será la historia quien juzgue a los protagonistas de esta crisis y lo hará con una sola pregunta: cuando el Sevilla más ayuda necesitaba, ¿quién pensó primero en el club y quién lo hizo primero en sí mismo?











