El Rey ausente y la coartada del accidente ferroviario (Video comentario del escritor y periodista Joaquín Abad)
La reciente intervención del rey tras el accidente ferroviario ha dejado una sensación incómoda: la de un discurso cuidadosamente pulido que evita, con notable habilidad, rozar el fondo del problema. Palabras de consuelo, gestos de cercanía y llamados abstractos a la unidad no pueden —ni deben— sustituir una mínima referencia a las causas que hicieron posible la tragedia.
En un país donde los accidentes ferroviarios no son simples fatalidades, sino episodios que suelen estar precedidos por decisiones políticas, recortes presupuestarios o fallos estructurales largamente advertidos, pasar de puntillas sobre las responsabilidades equivale a normalizar la impunidad. El jefe del Estado no es un técnico ni un juez, pero sí una figura con capacidad simbólica para marcar límites y señalar la importancia de la verdad.
El silencio sobre las causas no es neutral. Protege a quienes toman decisiones sin asumir consecuencias y traslada a la ciudadanía un mensaje peligroso: que el dolor se honra con ceremonias, no con explicaciones. Que la emoción sustituye al análisis. Que basta con lamentar, sin aprender.
La monarquía suele reivindicar su papel como garante de estabilidad y cohesión. Precisamente por eso, se espera algo más que un discurso aséptico cuando la confianza en las instituciones se pone a prueba. Nombrar el problema no divide; lo que divide es la percepción de que hay temas intocables incluso cuando hay víctimas de por medio.
Las familias afectadas no solo merecen condolencias. Merecen saber qué falló, quién lo permitió y qué se hará para que no vuelva a ocurrir. Y la ciudadanía merece una jefatura del Estado que no se limite a acompañar el duelo, sino que también respalde, al menos moralmente, la exigencia de responsabilidades.
Porque cuando el poder habla sin decir nada, el silencio también pesa. Y mucho.











Una imagen vale más que mil palabras.
Y esta fotografía es demoledora, digna de premio.
La voy a enmarcar para que mi hijo tenga presente una triste lección de historia.
Yo veo al tren como si fuera España. Moribunda, retorciéndose de dolor, indefensa, sin ayuda. A punto de ser pasto de buitres y moscas.
Y a la derecha los vampiros y dráculas que han chupado hasta la última gota de sangre de la que un día fue una Grande y Libre.
DEP ESPAÑA.
En la foto parecen tener cara de afrontar sin plena convinción el rol que el Deep State les ha dado como responsables del necesario caos social pre Abominación 2030.
Nos están traicionando y lo saben
Esta foto es incomprensible, se mire por donde se mire. La puesta en escena recuerda a la de la familia de Carlos IV, con la reina en el centro y el rey a un lado (a propósito lo escribo con minúsculas). No sé qué asesores tiene la Casa Real,aunque me lo puedo imaginar.
Más bien “eclipsado” ante la bizarra presencia de Marisú Montero, que con un afán digno de mejor causa, está, tan ufana su lado…
Con todo lo que ha pasado, hay que ser muy inconsciente de lo mal que va a caer esta salida de tono.
Pero al final, lo que esto demuestra es que aquí hay que poner orden. Desde el Rey hasta los bedeles han de cumplir su función. Y escrupulosamente.
A Leticia sólo le falta la guadaña. Parece la Dama del Alba.
De sobras es conocido que por mucho que diga o prometa no se hara nada son palabras esteriles sin valor mas de la reina y yo os damos animos
Ahora comentar el vestuario el modisto el peluquero si que llena paginas y programas alla de l la reina y yo os damos animos
Y la gente contenta el vestuario o lo sencillos que son porque comieron un menu del dia